Eclipse

Ayer, poseída por una especie de urgencia (lo cual suena muy sexual, pero no lo es) que es imposible que sea sana, terminé de leerme el tercer libro de la serie ésa de Crespúsculo de la que hablaba el otro día. Sé que esto no dice mucho en mi favor, pero estaba tan enganchada que creo que fueron las ganas que tenía de saber cómo acababa las responsables de que mi día de estudio fuera tan superfluo e irrelevante en el computo de los días de estudio de mi existencia.

No voy a ponerme a hablar de la calidad literaria del libro, primero porque no sabría hacerlo y segundo porque ya he dicho muchas veces que ése me parece un criterio bastante chorra a la hora de elegir un libro. Aún a riesgo de que se me tache de blasfema o hereje creo que, en ocasiones, la gente le coge manía a la lectura porque alguien se ha empeñado en llenarle las manos y la cabeza de libros pretendidamente estupendos. No estoy en contra de los buenos libros, pero propugno la elección del libro atendiendo a razones meramente circunstanciales. Hay días en los que uno tiene el cuerpo para temas profundos y trascendentales y otros en lo que tan solo quiere que le dejen en paz. Ignorante, tranquilo y feliz. Ser consciente del mundo y de las verdades de la vida full-time es agotador. En ocasiones uno necesita darse un paseo por el limbo de la falta de sustancia.

Con esto no quiero decir que los libros me parezcan malos. Ni buenos. A mí me gustan, y estoy dispuesta a comprarme el cuarto en cuanto salga (dentro de 7 días) y leérmelo en un fin de semana, que es como más disfruto yo de los libros, devorándolos sin control ni medida, aunque este modus operandi también sea criticable. No se puede negar que conseguir que algo sea tan endiabladamente adictivo tiene su mérito, y merece un reconocimiento.

Sin embargo, todo lo anterior no obsta para que aclare un par de cosillas. En primer lugar, la historia me cabrea un poco. Al principio no lo noté, en el segundo libro ya comencé a sospecharlo y en el tercero tuve la certeza absoluta de que tiene algo de insultante. Es la eterna historia de la mentira adolescente del amor. No pienso ponerme a despotricar del amor, ni nada de éso, no os asustéis. No diré que el amor no existe, porque no lo creo. Pero un amor tan patológico, tan sin condiciones, tan irreal...; en fin, no estoy a favor de la censura en ninguno de los órdenes de la vida, y menos en el caso de los libros, pero a veces pienso que alguien debería controlar los potenciales efectos colaterales de que nuestros jóvenes crezcan pensando que existe el amor a primera vista o las almas gemelas (aunque es cierto que la reformulación y adaptación al mundo de los licántropos de esto último, en forma de algo llamado imprimación, es algo que me maravilla). O, en el caso de que exista, como si algo así pudiera ser bueno. Y, lo más importante, como si una pudiera ser una perra del Averno egoísta, caprichosa, manipuladora y absolutamente mediocre en todo, sin ningún tipo de aspiraciones o intereses (salvo, y esto la redime un poco, la lectura esta vez de Cumbres Borrascosas, pero sólo por lo que en ella ve de aplicación a su propia vida) y, aún así, que todo el mundo la quiera (sí, la protagonista ha terminado por caerme mal a mí también). Niñas del mundo, ¡negaos! Sed independientes, ¡maldita sea! ¡No cifréis toda vuestra felicidad en el amor romántico!

Por qué me gusta entonces, diréis. Bueno, el hecho de que sea mentira no quita para que sea divertido. Además, a veces incluso dudo un poco, y me pregunto si algo así le habrá pasado a alguien. De todas formas, me gustaría que, alguna vez, alguno de estos libros tuviera un epílogo realista. Simplemente por curiosidad, a ver cómo resulta. Y no, el “y vivieron felices para siempre” no me vale.

Comentarios

  1. Yo también prefiero saber poco o casi nada. Como dice John Boyne de su libro,es mejor comenzar un libro sin saber de que se trata.E igual en la vida,y la ficción como la realidad son parte de ella,y si son divertidas mejor!
    Luego sí,luego estoy de acuerdo en que el amor debería existir.Pero mientras tanto es emocionante llegar a esa deducción :)
    Un abrazo!

    Y con esta crisis lo de vivir felices para siempre ademas de improbable sería aburrido.

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  2. La verdad es que El Niño del Pijama de Rayas me pareció un poco decepcionante. No hay resumen ni nada en la parte de atrás de ese libro, ¿no? Es que es super predecible: casi se puede saber lo que va a pasar desde la primera página. Por eso no puso nada detrás: si se descuida no hay ni que abrirlo para saber el final :-p

    Jajaja, me ha hecho gracia lo de la deducción emocionante!! :-D

    Besos!

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