Monopoli- Bari (Primer destino)

Nuestro primer destino fue Bari. Allí desempolvé mis rudimentarios conocimientos de italiano. No creo que sea presuntuoso decir que de algo sirvieron. Aunque puede tener algo que ver el hecho de que el italiano medio entienda bastante bien el español si se le habla despacio. Nos alojamos en un pueblecito cerca de Bari, llamado Monopoli, en un Bed & Breakfast propiedad de la signora Maria. Imaginamos que se trataría de una agradable nonna sureña, toda vestida de negro y con un pañuelo en la cabeza pero, por el contrario, no encontramos con una especie de Belén Esteban de la Italia meridional, fibrosa, tanoréxica y vigoréxica. Un poco exagerada, pero encantadora al fin y al cabo. Se jacta de que su capuccino es el mejor de Italia. Las habitaciones son un lujazo, todo estaba limpio impoluto y tomar el desayuno con ella es una verdadera experiencia.

Pasamos el día en una playa, Cala Paradiso, donde el azar nos obsequió con una buena muestra del manido estilo italiano. En un momento dado, las cuatro nos quedamos absortas en la contemplación de un joven. Él, a juzgar por sus movimientos pausados y pretendidamente sensuales, pensaba que estábamos admirando su artificialmente musculado torso. Pero la realidad era que nos encontrábamos en estado de shock, ante la visión de su absurda braga naútica, lo que en España se conocería como slips blancos marcapaquete, si es que semejante aberración existe en nuestro país, que estoy casi segura de que sí, aunque nos pese.



Mucho más que el italiano hortera despertó mi morbo una pequeña iglesia dedicada a las ánimas del purgatorio, en la que están expuestas las momias de varios monjes. Sé que yo misma me estoy exponiendo a todas las penas del Infierno, primero por fotografiarlas y luego por colgarlas aquí con total tranquilidad y sin el debido respeto, pero no puedo reprimirme.


Después de un día en Monopoli nos dirigimos a Bari para, desde allí, coger el Ferry de la Muerte (ya explicaré por qué) que habría de llevarnos a Corfú. De Bari no voy a decir mucho. Es cierto que no conozco muchas ciudades italianas y que, además, las que conozco destacan precisamente por su belleza. Pero creo que me permitiré la osadía de decir que Bari es, con total seguridad, la ciudad más fea de Italia. Lo más reseñable de nuestra estancia allí es que presenciamos, en vivo y en directo, una verdadera boda barinesa, y que fue allí donde compramos nuestros sombreros Panamá-somos-las-mas-molonas (adoro ese sombrero).

Por último, como muestra de folclore barinés, este motivo decorativo en uno de sus camiones. Me hizo gracia.

Comentarios

  1. Hey Amanda!
    Me encanta saber de vuestras peripecias xq teníais que formar un grupo muy divertido las 4.
    Me ha gustado mucho este primer capítulo, pero temo que tras el segundo los recuerdos se entremezclen con los de Egipto y nunca sepamos quién se emborrachó más o si alguna tuvo un affaire con un griego.

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