Corfú (Segundo destino)

A la luz del alba el mar se desperezaba alzando tersos músculos de olas azules, y la espuma de nuestra estela, tachonada de brillantes burbujas, se abría tras de nosotros como una blanca cola de pavo real. A Levante amarilleaba el cielo pálido.

De frente, una mancha de tierra color chocolate, envuelta en nieblas y cercada de espumas en su base. Era Corfú: aguzamos la vista en busca de la forma exacta de sus montes, sus valles, sus picachos, sus gargantas y sus playas, pero sólo se distinguía una silueta. Hasta que, de pronto, el sol surgió en el horizonte, y el cielo se tornó azul esmaltado, como el ojo de un arrendajo.

Las interminables, minuciosas curvas del mar flamearon un instante, y al punto se tiñeron de oscura púrpura moteada de verde. Alzóse la niebla en jirones tenues y rápidos, y ante nosotros apareció la isla, con sus montañas como amodorradas bajo un arrugado cobertor marrón, los pliegues salpicados del verdor de los olivares. Por la costa se sucedían playas blancas como el marfil entre ruinosos torreones de brillantes rocas blancas, doradas, rojas.


Gerald Durrell, Mi Familia y Otros Animales.


Desde que de niña leí Mi Familia Y Otros Animales, coincidiendo además con el culmen de mi inquietud zoóloga, siempre quise visitar Corfú. Corfú es la isla griega más peculiar, por su clima y su verdor. No me extraña que el joven Gerry fuera el más feliz de los niños viviendo allí. Una isla que alterna lluvia y sol en las proporciones y los meses adecuados debe de ser el paraíso en a tierra para un pequeño biólogo.

Actualmente, sin embargo, y tal y como yo la vi, la isla se ha convertido es un hervidero de turistas, principalmente familias y jóvenes de viaje de fin de estudios (en nuestro albergue de estudios de bachillerato, concretamente, pero ya hablaré de ello). De vez en cuando se distingue algún abuelito de innegable estilo inglés y yo me deshago de la emoción. Juraría que se trata del propio Durrell, si no fuera porque sé con certeza que ha muerto.

Incluso la propia Sissí se hizo construir una casita allí, el Achilleon, en palabras de AngieAlquezar un pasteliche que trata de evocar el estilo clásico. Yo no pude verlo. Michael, el australiano que más se mola a sí mismo, que incluso hace una pausa después de pronunciar su nombre de forma cadenciosa, poniendo un énfasis especial en la “l” del final, consideró, sin consultarlo con ninguna de nosotras, a pesar de que éramos las que pagábamos, que merecía más la pena una hora de playa. Ya se sabe que el bronceado hay que cuidarlo, que si no se desprende del cuerpo de uno como la roña, o como el de las toallitas bronceadoras al contacto con el agua y el jabón. Le perdono la vida porque nos puso una música estupenda durante todo el trayecto y porque, a diferencia de otras experiencias con conductores de vehículos en las islas griegas que he tenido, aunque me mareé un poco, en ningún momento llegué a temer por mi vida.

Nos alojamos en el Pink Palace, muy recomendable si tienes 18 años, y un poco menos si eres algo mayor. Las habitaciones son baratas, cómodas y relativamente limpias pero, si alguna vez vas, no te dejes estafar cuando en recepción te propongan sacar dinero por ti en lugar de que lo hagas desde un cajero normal. Te cobran algo más de comisión (4 €, no es como para morirse, pero te lo venden como una gran oportunidad.) La comida es también más barata, y me atrevería a asegurar que mejor, en el pueblo que en el albergue. En Grecia, por lo general, se puede comer una pita por unos dos euros y medio. El alcohol es veneno puro, pero te dan medio litro de cerveza por un euro y medio, y está bastante buena, así que ésa sería mi bebida recomendada. El plato fuerte de las actividades programas es la llamada Fiesta de la Toga. Las malas lenguas cuentan que hay gente que, debajo de la sábana rosa que te dan en el hotel para que te la coloques al modo griego clásico, no lleva absolutamente nada de ropa. Personalmente creo que eso, además de muy poco higiénico es falso, pero no puedo asegurarlo. También se cuentan historias de folleteo clandestino y gente desnuda durmiendo en la playa. Todo para alimentar la leyenda acerca del desfase que la fiesta supone. Esa noche conocimos a un tío inglés de apenas 18 ó 19 años que se gustaba tanto a sí mismo que no creo que concibiera placer mayor que entregarse al onanismo. Cada vez que metía un gol jugando al futbolín se besaba. Ver para creer.


Muestra de las actividades lúdico-festivas que se ofertan en el Pink Palace

Las playas, como podéis ver en las fotos son bastante impresionantes. El color del mar es increíble, y las aguas son tan cristalinas que desde la superficie se puede ver el fondo (sé que ésto es redundante, además de obvio). Tienen el atractivo adicional de estar rodeadas de verdes montes. Uno se baña en ese mar y es como si el mundo estuviera suspendido un par de centenar de metros sobre su cabeza. Al final de la propia playa del Pink Palace hay una calita, justo detrás de unas rocas, que es una maravilla.

Vista desde la habitación en el Pink Palace

Corfú pueblo tiene el encanto un poco decadente de algunas ciudades italianas. Callejear por sus calles estrechas, jalonadas de tiendecitas de suvenires bastante típicas, es una alegría para el espíritu. Uno no puede dejar de recordarse a sí mismo la suerte que tiene de estar en una isla tan portentosa, con esos acantilados, ese verde olivo y ese azul del cielo y el mar. Es que miro las fotos y me emociono.


Uy, casi se me pasa hablar del Ferry de la Muerte. No os dejéis impresionar por la fotografía tomada al amanecer. Fue una de las noches más angustiosas de nuestras vidas. Utilizando una expresión de mi querido Charrino, si uno escupía en el interior de ese barco, el lapo se helaba antes de entrar en contacto con el suelo. Las súplicas a la tripulación para que subiera la temperatura no sirvieron de nada. Se estaba mejor en cubierta a las 6 de la mañana que dentro. No digo más. Abrigaos.

Gato en Museo Bizantino o muestra de con qué mimo preservan los griegos su patrimonio histórico.

Comentarios

  1. Pues no me equivoqué al vaticinar la calidad de tus crónicas. Escapan al encajonado estilo de las guías turísticas narradas que parece que uno va a perder el bus.Y mezclan la experiencia personal con la que aporta la propia tierra a la que viajas.
    Desde el apunte bibliográfico hasta el misterio que se esconde bajo la toga,pasando por el ferry de la muerte en contraste con esos fondos de coral transparente.
    Toda una aventura! :) Gracias por compartirla y a vivir la siguiente etapa!!
    Un abrazo

    *Mira que dan la vara en la TV con el estreno de La momia, pero lo de los monjes supera cualquier peli!!

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  2. Ha estado bien, pero quería hacer un apunte. Entre el género masculino cuando hace mucho frío se dice que si una mea, la meada llega hecha hielo al suelo. Como ya he hecho un comentario desagradable no me cortaré aquí y añado que un amigo mío sostiene que en el polo norte uno no podría mear pues la congelación sería tan rápida que podría llegar a contactar un el isntrumento del que parte la meada, ¿qué cosas, verdad?
    Te esperamos tus ávidos lectores tras la vuelta de NY.

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  3. Perdón, de Egipto. Es q yo estoy a lo mío y me voy a NY.

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