Venancio

Hoy he ido a estudiar a la biblioteca y, a media mañana, he salido a tomar un café. He entrado en un barucho decorado con recortes de periódico de corridas de toros y con fotos de Cayetano, y con el suelo lleno de colillas y migas de patatas fritas, a pesar de que eran, apenas, las 12 de la mañana. Evidentemente estaba desierto. Todo tenía un aspecto entre cutre, viejo y sucio de lo más castizo. Así que he pedido un café. El camarero es el típico hombrecillo acostumbrado a lidiar con parroquianos fieles. Le miras y ya le presupones una cierta tendencia entre misógina y machista. Pasa absolutamente de todas las teorías acerca de las ventajas competitivas que parece que ahora son la base de todo éxito empresarial. A veces me pregunto cómo sobrevivirán este tipo de negocios. Luego pienso que, después de todo, yo podría haber entrado en cualquiera de los otros cafés de la zona. Hay uno muy elegante justo en la esquina de la calle principal. Pero lo decadente tiene un cierto encanto, supongo.

De repente se me ha ocurrido que me apetecía el café con hielo. Con leche y con hielo lo tomo yo. No me importa que la leche se quede aguada a medida que los hielos se van derritiendo. Todo lo contrario.

El camarero me ha mirado con perplejidad, con esa cara de “pero qué raras son las mujeres” que se les queda a veces a algunos hombres ante una petición inexplicable, y ha murmurado algo sobre brebajes, pero no le ha quedado más remedio que ponérmelo, claro. Yo creo que hasta le ha molestado un poco. Luego me he sentado en una mesa de formica que olía a gel con lejía. Sugería limpieza, pero tampoco he querido investigar mucho más.

Al rato ha entrado una chica morena y delgada que desprendía un fuerte olor a esos perfumes de vainilla que tanto odio. Me recuerdan a una compañera de cuarto rusa que tuve en Inglaterra y que se lavaba poco. Ha saludado al camarero. Venancio se llama. De lo más apropiado. Han estado hablando. Al parecer, ella le traía unos papeles. He creído entender que se trataba de algún tipo de subvención que le concedían, o quizás un crédito. No lo he pensado mucho, la verdad. Cuando la chica se iba ya, Venancio le ha ofrecido dinero, en agradecimiento por sus pacientes explicaciones sobre dónde debía firmar. Ella se ha negado. Después de todo, era su trabajo. Ha intentado escabullirse prometiéndole al camarero que, otro día, se dejaría invitar a algo. Pero no ha colado. Él ha insistido, y se han enfrascado en una mini discusión: La dignidad de la chica frente a la generosidad un poco anquilosada del camarero. He tenido la impresión de que realmente no quería el dinero. No estaba disimulando. No se trataba de esa primera negativa, la de la buena educación, a la que irremediablemente sigue un gesto de sumisión, tímido y agradecido, así, como inclinando la cabeza y achaparrando los hombros avergonzados.

Al final, Venancio le ha puesto el billete en la mano (yo no miraba, pero es así como me lo he imaginado) y a ella no le ha quedado más remedio que cogerlo y marcharse. Contrariada. Con el orgullo un poco herido, yo creo. Venancio no sólo parece el típico hombre que no acepta nada de una mujer sin humillarla un poco con una propina, sino que sé con certeza que cuestiona decisiones tan personales y tan irrelevantes para el destino de la humanidad como tomar el café con hielo y, además, con leche.

Comentarios

  1. pfff no te quiero ni contar cuán hasta los cojones estoy yo de los venancios que me rodean y me van abriendo puertas como caballeros de antaño todos los días.

    Ah! y pide primero el café con leche y, después, como quien no quiere la cosa, un vaso con hielo. Ahorraras en explicaciones ( un amigo mío lo hace y a nunca nadie le ha dicho nada)

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  2. Bueno independientemente del hombrecillo del bar y su mentalidad anclada en ni se que década (por desgracia, en este país no se puede hablar aun de siglos...)hay que reconocer que esos bares, cutres , algo sucios...el típico bar de barrio que no se reforma desde los años 70 y si acaso, pues si, tienen su encanto; y aunque nadie entienda como consiguen sobrevivir siguen estando ahí por mucha crisis económica que haya...

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  3. Yo tb soy de las de café con leche y hielos, y de los tés con leche. Alguno me ha preguntado qué cómo se sirve aquello...

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  4. Oye, yo también tomo el café con leche y con hielo...y además lo pido así..café con leche y con hielo..y si me miran raro, les devuelvo la pelota con la mirada de es-una-frase-simple..jejeje.
    Por cierto, os desvelaré el secreto: esos bares siguen existiendo porque cobran el cubata a 2,50...y no te juzgan si lo pides a las 10,30 de la mañana...

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  5. Yo el día que sea empresario hostelero, no limpiaré al bar para que así vengan clientes de verdad. No de esos que se quejan porque no les limpian la mesa ni porque el camarero haya bebido de su vaso... Será un éxito. Lo sé.

    (me asustan las intermitentes desapariciones de blogs y posts...)

    (muy buena lista de canciones! No me decepcionaste, no. ;)

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  6. MJ: A mí lo de que me abran las puertas y eso hasta casi que me gusta. Y la verdad es que, quitando un par de detalles como, por ejemplo, considerar que debería ya tener un novio formal e ir comprando mi ajuar, casi no tengo quejas al respecto. Sospecho que puede ser por mi cara de "ni-se-te-ocurra". Ya te la enseñaré, es un arte y super útil :-p

    Calíope: ¿A qué sí? ¿a qué lo cutre tiene su cosa?

    Chimeneaverde: Yo también tomo el té con leche!!!

    Anarouss: Intenté llamarte ayer, pero Telefónica me ha restringido las llamadas salientes (por morosa...)Qué cierto lo del cubata!! Y qué vivan los cubatas!!!

    Carlos: Yo iría a ese bar, por supuesto. Leíste el post anterior?? no te pareció un poco lamentable? me sentí un poco quejica, y lo borré. Pero el blog, después de pagar el dominio y todo...éste se queda aquí ya perennemente :-D

    Besos!!!

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  7. Yo también tomo el cafe y el té con leche, de hecho creo que debería tener una vaca en la nevera porque soy capaz de beberme al día litro y medio de leche... Lo que más me gusta de los bares con sabor es la confianza de los parroquianos. Creo que no me moriré tranquila si no logro llegar a un bar de estos y que el camarero me diga: lo de siempre, verdad? Por cietro, que en Valencia a los cafés con hielo los llamamos "del tiempo" y no veas que pitote de armó en Madrid, la primera vez que pedí un café del tiempo, el tío me miró como si fuera de Marte, o algo así. Besos guapa, y mucho ánimo que ya no queda nada!!!

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  8. Jajajaja, hombre, es que, lo de café del tiempo...Me acabo de acordar de que ayer estuvimos en la Latina y, como estaban todalas mesas ocupadas, nos terminamos sentando en un vegetariano donde sólo te ponían cervezas ecológicas, y todo en vasitos de cartón reciclables. El novio de una amiga estuvo todo el rato vacilando a la camarera... ("pero...esas bombillas no son de bajo consumo, no?...no vendéis tabaco? claaaaro, es que no es ecológico...)

    Nosotros ya casi somos clientes habituales en el gallego, y la camarera nos saluda toda amorosa ¡Hola chicos! cuando nos ve entrar. Sniff, sniff, lo echaré de menos... :-(

    Besos!!!

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  9. Hola:

    Sólo quería decirte que me ha encantado tu artículo. Muy fresco e ingenioso, y todo respaldado por un perfecto dominio de la forma.

    Además, veo que te gusta Rob Thomas (y por asociación, supongo que también Matchbox Twenty). Sí señor.



    Http://golgota15.wordpress.com (por si te interesa)

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  10. Muchas gracias, Gólgota :-D

    Decir que Rob me gusta es casi eufemístico :-p

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