Yo soy mucho de somatizar. Y, aunque contradice la definición, a veces soy capaz de hacerlo voluntariamente (¿cómo será la palabra que se definiría como transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera voluntaria?). Hay días en los que simplemente uno no está de humor para encarar la vida, aunque resulte de lo más cobarde. No es que lo haga continuamente tampoco, pero sí que es verdad que algún día en el que me encontraba especialmente de mal humor me he metido en la cama tapada hasta la barbilla y, no sé si por sugestión o porque realmente al final enfermaba de tanto estar tumbada, he conseguido ponerme mala.
Por ejemplo, las nauseas. Supongo que a todo el mundo le ha pasado alguna vez eso de echar la papilla justo antes de un examen, de puro nervio. Pero, ¿cuántos de vosotros vomitáis por encontraros en una situación desagradable? A veces me pasa que todo me da una pereza bestial. Y lo peor es cuando se toma conciencia de ello. Es como cuando en El Guardián Entre el Centeno, Holden Caulfield decía eso de “y de repente me di cuenta de que Sally me daba mil patadas” (creo que no era así exactamente la expresión, pero de forma aproximada). Es también como en El Amor en los Tiempos del Cólera, cuando Fermina se encuentra con Florentino en el mercado y se da cuenta de que no, que de ninguna manera. Esa especie de iluminación sobre las personas, o sobre las situaciones, es traumática a veces. ¿Qué tendrá esto que ver con la nausea?, os preguntaréis. A mí se me revuelven las tripas en estos casos. Y no sólo en sentido figurado. Tendré que preguntarle a Anarouss. Seguro que todas estas cosas están perfectamente documentadas, y me lo puede explicar estupendamente. Igual así me termino de aclarar.
Cuando estaba en el despacho y el día anterior me habían hecho quedarme hasta tarde, la mañana siguiente era una mañana perdida: Yo, en mi cama, supurando rencor por todos los poros de mi piel. Es increíble lo importante que es el humor en la vida. La cosa es aún más grave si además se es transparente, como yo. Por un lado mola, porque vas por el mundo siendo sinceridad en estado puro. Pero es jodido ser transparente y además tenerle fobia a las situaciones conflictivas. He estado pensando bastante en eso últimamente y creo que mi evolución personal pasa por evitar cada vez menos los conflictos y decir cada vez más la verdad, no sólo con la cara y los gestos, sino de palabra. ¿Más aún?, se preguntarán algunos. Más aún, responderé yo.
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