Otra vez Esther

El otro día tuve que reprimir mis más soeces instintos para no plantificar aquí la portada del Interviú, con la inefable, casi adolescente, pero consecuente Esther enseñando sus atributos, tal y como auguraba el también inefable (hay días en los que todo es inefable para mí), yo creo que un poco oportunista y, en cualquier caso, bastante menos consecuente Risto Mejide.

A mí, que queréis que os diga, me da penina. Veo las fotos de antes, con esa cara de lolita un poco macarra, con su pincita en el pelo, y su vídeo iniciático en el que repite eso de ”Mi padre, para mí, es lo más grande”, y las fotos de ahora, con esa cara de actriz porno de saldo, que pretende ser cautivadora pero que está predestinada a ilustrar, como mucho, los calendarios de las gasolineras (de las gasolineras antiguas, se entiende, que las nuevas son asépticas cual Vips). Ni a la obscenidad le dejan ya ser auténtica. Ahora todo está recubierto de una pátina de pretensión, hasta el sexo sucio.

Una entra en el Vips, o en esas gasolineras de las que antes hablaba, se acerca a la sección de revistas, y ahí está el Interviú, al lado del Hola, del The Economist y de la Cosmopolitan (que no deja de ser a las mujeres lo que el porno es a los hombres). Igualmente, en las gasolineras ya no queda ni un solo recordatorio de ese pasado suyo, de hojas de calendario manchadas de aceite, amarilleando por la humedad. Sólo anuncios de cambios de aceite en oferta y estanterías repletas de chocolatinas. ¿A dónde fueron a parar las cintas de María del Monte y los vídeos porno totalmente exentos (ni falta que hacía) de glamour?

Yo podía reírme impunemente de Esther, sin ningún tipo de escrúpulo de conciencia, cuando sólo había visto esa actuación suya, que prendió indefectiblemente mi atención de la nueva edición de OT. A mí sí que me cautivó, con esa voz de berrea que se marcó, acompañada de movimientos pretendidamente sensuales. Estaba ante mi nueva diva, sin duda alguna. Luego vi vídeos, a su padre, tan callado, aplaudiendo ante los desplantes de Risto, no dándose cuenta del público escarnio al que su hijita estaba siendo sometida, y me empezó a hacer aguas el corazoncito. Es como cuando una se cruza en el super con su profe de mates, a la que odia con la sinceridad todavía no mancillada por la mayoría de edad y, de repente, ve como llena la cesta de cartones de leche marca Día, y ya nunca más puede olvidar que ella también es humana.

Comentarios

  1. las cintas de Maria del MOnte tb podriamos considerarlas pornograficas...


    viva esther y sus atributos!

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  2. Genial la definición de Cosmopolitan. Me encanta como escribes.

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