domingo 22 de junio de 2008

Mierda rezumante

Mis padres acaban de marcharse. Ha sido un fin de semana agotador en todos los sentidos. Mi madre ha cogido algún tipo de virus estomacal, o ha comido nata en mal estado, y ha estado vomitando los dos días. Mi hermana, sumergida en su adolescencia profunda, nos trata a todos con la displicencia propia de su edad del pavo superagravada. Mi padre, el pobre, intenta mantener el buen humor y la sangre fría, pero dos horas solo, debajo de una carpa, a las 12 de la mañana, escuchando discursos requetemanidos acerca de la Parábola de los Talentos y la búsqueda de la excelencia, perturbarían a cualquiera. Ni siquiera la graduación de la hija primogénita de uno puede compensarlo. Y menos aún si se trata de la segunda (graduación). Mi hermano alterna arbitrariamente el brote absoluto previo a los exámenes finales y una fiebre futbolera un poco desproporcionada. Mi perro se pasea por la casa a altas horas de la madrugada, haciendo ruido con sus uñas extrañamente afiladas, bailando una especie de sádico claqué encima del parqué. Yo apenas duermo, he sido desposeída de la cama que me pertenecía legítimamente, y comparto sofá con mi hermana, trasunto de Hannah Montana.

Pero, por fin, he recuperado la paz y el sosiego de espíritu. Hace unos días rescaté del baúl de los recuerdos veraniegos de mi adolescencia un disco de los Wallflowers (Bringing Down The Horse) y, mientras me recupero físicamente y me preparo psicológicamente para los diez días de estudio (al que tan rápidamente me he desacostumbrado) que me esperan, lo escucho con el ventilador a plena potencia golpeándome en la cara, y que haría que mi pelo ondease graciosamente al viento, enmarcando mi abotagado rostro, rollo yosoybeayerafeaperoyano, si no fuera porque mi pelo sufre de estrés postfiesta, y es un pegote hecho un rebujo en un moño-coleta bien prieto.

Mi madre ni aún convaleciente es capaz de sustraerse de su rol (de madre): Acuérdate de comprar naftalina para la ropa de invierno que, si no, se la comerán toda las polillas. Y la próxima vez que venga no quiero ver todas esas cosas por el suelo y este desorden. Ah, y limpia toda esa mierda rezumante. Eso me dice al salir por la puerta. Ni felicidades hija mía, ni milongas. Seis años y un reconocimiento tan tibio.

4 comentarios:

chimeneaverde dijo...

el disco ese es donde venía One headlinght? ay Jacob...
las madres son y serán siempre así, yo creo que siempre nos verán como a niños pequeños.
Y felicidades, no todo el mundo acaba dos carreras!

Amanda Pinkleton dijo...

Sí, el de One Headlight :-D
Muchas gracias!!!

Rafael dijo...

Eso es lo grande de la música. Que te pueden putear, la vida puede ser una mierda a veces, pero nadie puede evitar que te pongas los cascos y por un rato te evadas de todo. :D

golgota15 dijo...

Bueno, he leído otro artículo tuyo al azar y tengo que decir que me encanta tu estilo. Eres capaz de deleitar escribiendo sobre temas cotidianos y triviales (haciendo la lectura buena del término)

Posees un dominio del lenguaje muy fresco y fluido. Eres de esas personas que dejan huella al escribir sin perderse en ortografías ni sintaxis difusas.

Así pues, seguiré echando un ojo cuando encuentre el momento.

¡Un saludo!