De estreno veraniego

Llega el verano por fin, después de mucho (pero mucho) hacerse de rogar y, precisamente, coincidiendo con mi fin de exámenes, porque ya era hora de que el karma tuviera a bien compensarme de alguna manera. Y, con él, llegan las sandalias. Y, con ellas, las tiritas, las raspaduras y los callos.

Los pies. Necesaria y despreciada parte de nuestra anatomía. Torturados por tiras de sandalias sin piedad, por zapatos con tacón demasiado alto. Una se encuentra en la difícil tesitura de decidir, día tras día, si asume su destino, genéticamente determinado, de cómoda estatura media hispánica o si, por el contrario, se monta en unos imposibles e incomodísimos tacones de Zara (no nos da el presupuesto para unos Manolo’s) para, de esa forma, epatar al personal desfilando por las terrazas veraniegas de la capital.

Lo malo es que, de verano en verano, nuestros pies se acostumbran a ir, la mayor parte del tiempo, calentitos y recogiditos en mullidos calcetines, en cómodas zapatillas deportivas, en botas con tacón ancho. De repente, un rayito del sol estival nos deslumbra, abrimos el zapatero, desenterramos el calzado veraniego, y nuestros pies se encuentran de lleno con la cruda y dura realidad de los hongos de las piscinas comunitarias. Los exponemos, sin ningún tipo de prevención, al contacto directo con el contaminado aire urbano, con el asfalto, con el sol, con el agua clorada. Las más precavidas intentan empezar con sosiego, de forma escalonada, y eligen de entre su fondo de armario esas sandalias que creían recordar que eran cómodas. Sí, eran cómodas en septiembre, después de varios meses de doma y por la fuerza de la costumbre. A día de hoy de cómodas nanay.

Pero claro, una eso no lo percibe mientras admira su reflejo en el espejo trucado (espejo amigo) de la entrada de su humilde pisito alquilado de estudiante, sufragado por su sponsor (Papá). Una piensa que esos centímetros de más le sientan divinamente y que sí, maldita sea, que cree recordar que esas sandalias eran de las cómodas. Y sale a la calle, con su amiga, y se dan un garbeo por el Retiro, y se agobian con la gente, y se redescubren como misántropas y ermitañas, y deciden que, en lugar de cocerse a fuego lento bajo la solaera de media tarde, cuanto mejor estarían en una terracita, disfrutando de una cañita y unas papas. O en Fnac, que también hay libros y además aire acondicionado y, de vez en cuando, una puede alegrarse la vista avistando a algún don Cachondo que sabe que no, que ese libro se ha agotado, sin necesidad de que haya que deletrearle el nombre del autor para que pueda consultarlo en su ordenador. Cómo me gusta que la gente sepa tanto, sobre todo cuando yo no tengo ni puta idea, para que me asesoren. Para revivir, día tras día, la ilusión de la certeza de que hay tantas cosas que no sé, que todavía me queda tanto por aprender, por ver, por escuchar, que me da para llenar todos los días de mi vida de sentido.

Pero mis pies me hacen descender a consideraciones más prosaicas. Porque me están matando. Ya estoy previsualizando las marcas rojas en el empeine, de sangre incluso, y oyendo el sonido silbante, gelatinoso, un poco hueco, del cuero desprendiéndose de la piel lacerada, como un adelanto de lo que me espera al llegar a casa, después de haberme pateado Madrid sin pensar en mis feos, un poco demasiado grandes, en ocasiones doloridos pero, en el fondo, los únicos que tengo, para toda la vida, más fieles que traidores, piececillos. Y en que esta noche tendré que dormir destapada, al menos de tobillos para abajo. Porque hasta el roce de las sábanas me va a hacer daño.

Comentarios

  1. Y mientras aquí veo pasar al fresón de Lanscastershire calcetines blancos de pura lana hasta la rodilla sobre sandalias que probablemente fuera lo único que abandonaron los romanos en Britannia felices de poder dejar de martirizar sus pienum!
    Y ya ves,casi las 4 y aquí escribiendo sobre pies para que os quiero,ventana abierta,craso error! no por posibles mosquitos (los pobres escondidos bajo tierra) sino por el terral!! o calima sahariana. Pero que hacer? Si la cierras el ventilador del techo saldrá volando cual ovni,si la abres solo queda dormir bajo la parra, o sin la parra :) El caso es que queda nada para que todo lo que describes y aquí cuento sea oficialmente verano con V de vacaciones!
    Te deseo los mejores resultados en los exámenes!!
    Un abrazo, ánimo!!

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  2. Bueno, si me ha ido bien en estos exámenes tengo la segunda tanda en julio (aunque más que una tanda es sólo uno) así que mejor no decir muy alto lo de que el verano llegó y todo eso...que no hay que perder comba...
    Tú, sin embargo, si eres uno de los afortunados que vas a poder disfrutarlo en breve, no dejes de hacerlo :-D

    Abrazo!

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