El castigo divino

El mundo laboral da grima, y pavor, y retortijones, y genera todo tipo de pensamientos negativos, y es malo para el cutis, y para el pelo, y disminuye enormemente la potencia sexual y el tiempo que uno puede dedicar a ociar.

Con estas contraindicaciones, es evidente que lo sano, lo lógico y lo coherente sería pasar de él, verdad? Pero el mundo no es tan generoso. Evidentemente. (Excursus reflexivo: La tradición bíblica dice que todo esto del trabajo, y el sudor de la frente y tal, es culpa de Eva, la primera mujer. Mis fuentes me informan de que numerosas asociaciones feministas han reaccionado recientemente ante esta evidente discriminación, y violación de los más elementales principios de igualdad y paridad. ¿Por qué tenemos que cargar nosotras con el lastre de ese supuesto pecado supuestamente atribuido a una mujer, hermanas?, ¿por qué?. Espero que se tomen medidas y en próximas reediciones se subsane el error, o si no habrá que exigirle responsabilidad al autor, y llevarle al Tomate y al Programa de Ana Rosa, para que las representantes de la mujer moderna le insulten, en directo y en diferido.)

Me gustaría poder añadir una moraleja del tipo "queridos míos, no trabajeis", pero los años pasan, la realidad acecha, dispuesta a saltar sobre nosotros, y a pervertirnos, con todas esas ideas macabras sobre futuro, hipotecas, compromiso... (¿sueno tremendista? ¿os parece que exagero? me están entrando nauseas de esas de nervio-pre-examen...)

Yo creía que no estaba preparada y, sobre todo, que no tenía por qué estarlo. Aún me queda un año más de carrera, luego puedo plantearme master, oposiciones, o lo que sea. Pero una psicosis colectiva se ha apoderado de las aulas de los pisos superiores de la Santa Casa (allí estamos los mayores, en lo alto, más cerca de los dioses... :-p) y claro, yo, con una carencia total de personalidad, lo reconozco, pues me he contagiado. Y me dedico a vagar por el mundo, como alma en pena, haciendo casos, y entrevistas, y dinámicas de grupo, que parece que no acaban nunca, y sólo me atrevo a preguntar con voz quejumbrosa y frágil "perdone, cuántas fases más del proceso de selección me quedan?" Y nadie sabe, nadie responde, y a una sólo le queda esperar, y jurar en arameo (pero en bajito, para que no se mosquee el potencial jefe), y cagarse en la ley de la oferta y la demanda (que se puede aplicar casi a todos los aspectos de la vida, y también a este): ¿qué es lo que yo tengo que ellos puedan querer? (interpretación extensiva de la ley...)

Me pregunto, a veces, entre crisis nerviosa y crisis nerviosa, en esos fugaces momentos de lucidez, inducidos por un consumo masivo de chocolate Milka, cómo afrontó esta fase de su vida mi admirada "mujer Actimel". Y me lo pregunto, pero no me lo respondo. Espero que la respuesta me llegue pronto, en forma del número del mes de Abril de la Cosmopolitan.

La imagen la he sacado de: http://ceritium.blogsome.com/category/humor/mundo-laboral/

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