Mi Archienemigo, mi Archivillano, mi Archinémesis

La noche de ayer fue grande en muchos sentidos. Pero hoy sólo vengo a hablar de mi tristemente célebre compañero de trabajo al que, a partir de ahora, me referiré como mi Archienemigo, mi Archivillano o mi Archinémesis, para variar un poco y darle más riqueza lingüística a mis contenidos (estoy leyendo a Juan Manuel de Prada y se lo recomiendo a todo aquel que esté planeando ir a hacer fortuna al Pasapalabra).

Ayer fuimos a una fiesta en casa de esequenopuedesernombradoenlosblogs. Resultó que mi Archienemigo también estaba invitado. Lo normal es que, todo el mundo que ha estado cerca de mí en los últimos seis meses haya oído hablar de mi Archivillano salvo que, en ese momento estuviese ocupando mis pensamientos algo que me indignase más, lo cual es muy poco probable. Si ya se trata de alguien que lee este blog, puedo decir con seguridad que ha leído sobre mi Archinémesis. Y es que, ciertamente, su existencia me perturba. Evidentemente no me gustaría que le pasase nada ni que tuviese ningún desagradable accidente. Es sólo que no logro entender cómo se puede ser así, en serio. He intentado ser racional y objetiva, luego empática y hasta buena persona. Pero no hay manera. Mi esencia choca irremediablemente contra la suya, aunque no estoy segura de que él tenga una. En cualquier caso, sea cual sea la materia de la que está relleno, es diametralmente opuesta a la mía. Pero no en ese sentido que permite convivir sin más problemas, no. Más bien en el sentido de “no hay sitio en este mundo para los dos”.

El caso es que ayer coincidimos en esa fiesta. Mis amigos se ríen de mi transparencia, y a mí cada vez me importa menos todo. Supongo que he sobrecompensado todos mis años de excesiva vergüenza. Ayer comentábamos la Vallés y yo que no sabíamos dónde la habíamos dejado. Ella cree que dejó la suya en Paris. Me hizo gracia la Vallés ayer cuando me dijo algo como “pero yo pensaba que iba a ser un ser repugnante, y es monín…”. La verdad es que nos quitaríamos de un montón de problemas si la gente mala llevara algún tipo de elemento identificativo en la cara.

Así que nada, al llegar mi Archienemigo (¿me tocaba otra vez esta, verdad?) el anfitrión de la fiesta lo trajo hasta mí y, yo golpeaba insistentemente el brazo de Percomo mientras lo veía acercarse hacia nosotros. ¿Qué pensaríais vosotros si llegáis a una fiesta y el dueño de la casa, amigo de vuestra compañera de curro, poco menos que os lleva en volandas a sus pies y, en el trayecto, además veis como ella, se agarra histriónicamente del brazo de la persona que está a su lado, mientras ambos miran en vuestra dirección y hablan? Sí, amigos, sí, mi Archivillano debe de pensar que estoy secretamente atormentada por mi amor hacia él. Por eso he dejado el trabajo, porque no puedo aguantar por más tiempo su indiferencia. Todas esas borderías que le he dicho en estos meses, todas las veces que he intentado eludir su compañía, mi estudiada máscara de “peroquébromaesesta” cuando él decía que no le importaba trabajar más horas. Todo era una tapadera, una coartada, un disimulo de mi amor imposible.

Antes de marcharse, mi Archinémesis tuvo a bien informarme de que iba a continuar la noche en otro local, esperaba que en compañía de la mujer, otra, que le tiene enamorado, obnubilado, prendado. Debió de pensar que, con esas palabras, me desengañaba ya y me liberaba de este amor no correspondido. Hay que joderse. Esta vida es de traca.

Comentarios

  1. mira, es ese es ese es ese es ese!!

    jajajajajajaaj, q grande

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  2. Le echarás de menos, como maggie al bebé de una sola ceja...
    Tienes razón nuestras vidas giran extrañamente alrededor de las series

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  3. Jajajaja, ayer alguien me dijo "¿y tú no eres ya un poco mayorcita para tener un Archienemigo??!!"

    Lo de las series...mejor no digo nada.

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