Cumbres Borrascosas

-Imagine una cinta transportadora, una enorme cinta transportadora y al final de la misma un gigantesco horno. En la cinta trasportadora hay libros. Todos los ejemplares del mundo de todos los libros que usted ama. Colocados en fila [...] En este preciso instante la palanca está en la posición de apagado. Al lado hay un individuo con una mano sobre la palanca, a punto de ponerla en marcha y usted puede detenerlo. Tiene una pistola en la mano. No tiene más que apretar el gatillo. ¿Qué hace?
-Eso es absurdo.
-El individuo gira la palanca. La cinta transportadora se pone en marcha.
[...]
-El primero en caer es Shirley.
[...]
-Por ahí viene Cumbres Borrascosas. ¿Va a dejar que arda?
[...]
-Como quiera. Ahí va. ¿También Jane Eyre?
[...]
-Sólo tiene que disparar. No la delataré. Nadie lo sabrá jamás.

El Cuento Número Trece. Diane Setterfield.


Es curiosa la vida en general y, en particular, que en la misma semana haya estado leyendo El Cuento Número Trece y Fahrenheit 451, ya que los dos hablan de la quema de libros.

Concretamente, El Cuento Número Trece me ha recordado lo muchísimo que me ha gustado siempre Cumbres Borrascosas. Mucho más que Jane Eyre, que es de otra Brontë, pero más tibio, con un final más feliz, y como más para todos los públicos. Y, por supuesto, muchísimo más que todos esos libros soporíferos de Jane Austen llevados al cine en forma de películas absurdas en las que nunca pasa nada, tan incomprensiblemente victorianos que ni sabes lo que piensan ni lo que sienten los protagonistas, perennemente torturados porque van a tener que vivir con una renta anual de nosécuantitas libras, y prescindir de la modista, o ganar unas pelillas dando clases de piano. O como en el libro ese de Una Habitación con Vistas, en el que no te das cuenta de que ha habido beso hasta 40 páginas después, y tienes que volver para atrás para comprobar si es que en esa página te dormiste, o qué demonios pasó.

En las novelas de las Brontë es todo más de andar por casa. No hace falta salir de los páramos y dirigirse a la ciudad a la caza de un rico heredero. En las casitas vecinas hay de sobra para todo tipo de tormentos del alma y del espíritu. Todo discurre en torno a un par de generaciones de un par de familias. Pero, sin duda, lo mejor de estos libros es que son relatos de cementerios, sangre y fuego. Amores apasionados y traiciones ignominiosas. Una típica historia de familias enfrentadas, de infidelidades, matrimonios de conveniencia y amores secretos, en casas oscuras y alejadas, situadas en medio de páramos desangelados. El viento golpeando con furia las ventanas y fantasmas del pasado poblando las pesadillas de los vivos. El espectro de la pequeña Cathy intentando colarse por la ventana, y el señor Lockwood acercándole la muñeca a los cristales rotos, hasta que la niña empieza a sangrar. Muertos castigando con fuego a los vivos. Y, en medio de todo eso, el ama, como figura omnisciente, como la Gossip Girl del siglo XIX, para ayudarnos a desvelar todos los misterios.

Comentarios

  1. el cuento número trece, gran libro!!
    me apunto cumbres borrascosas en la lista!
    muaks!

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  2. Apunta, apunta. Pero coge una buena traducción...mi prima dejó de leerlo porque le pareció una pesadez, y yo creo que era porque su libro estaba muy mal traducido.
    Besino!

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  3. St Dedalus dijo...
    Para quemas de libros me quedo con la del Quijote que no se salva ni Cervantes! Me encanta esta nueva categoría, podría llamarse "idas de olla literarias" o algo así... besotes

    16 de enero de 2008 23:53

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