La Ventana de Johari

En la clase de al lado había tres chicas que eran parecidísimas. Tanto que las llamábamos las trillizas. Las trillizas compartían el color de pelo, el color de los ojos, la forma de la cara, la constitución, aunque con matices, y un aire entre ñoño y pueril que, con el tiempo y la óptica adecuada, llega a resultar hasta tierno.

La falta absoluta de complejos, o el complejo de Peter Pan, les llevó a estrenar su vida universitaria con una carpeta de Jordi Labanda debajo del brazo y un estuchepeluche dentro de su bolsoositodeTous con pañuelo anudado. Las trillizas muestran esa indignación desmesurada, tan propia de los niños, ante acontecimientos de sus vidas que perciben como grandes injusticias, y hacen grandes aspavientos, y abren mucho los ojos o los mecen, en señal de desaprobación o sorpresa. Todo mucho más allá de los límites de lo socialmente considerado como discreto. Al principio uno las observa desde la distancia con incredulidad pero, al final, concluye que esa gran parodia, esa dramatización supina que es su vida, forma parte de su encanto.

No sé si las trillizas eran así de serie, y quiso la casualidad que se encontrasen, les gustase el reflejo de ellas mismas que vieron en las otras y se hiciesen amigas o, por el contrario, se conocieron y fueron acercando posiciones, hasta mimetizarse.

Hace un par de años, una de las trillizas, cansada quizás del mimetismo que las bautizó, decidió tirarse al aborigen, y diferenciarse, como uno de esos hermanos que se planta cuando su madre intenta vestirlos iguales. Se cortó y se tiñó el pelo, adelgazó y modernizó su vestuario, pasando de pijamadre a pijafashion.

Todos pensamos que había llegado el momento, el Gran Cisma de las Trillizas. Pero no pasó nada de eso. Siguieron siendo amigas, aunque ahora eran las mellizas y "esa otra" que siempre las acompañaba.

Y yo siempre me he preguntado si un día la trilliza disidente se levantó de la cama, se dio cuenta de que eran las tres iguales y se dijo que ya estaba bien. O si era una cosa que no percibían de ellas mismas, como el "Yo Ciego o Desconcertante" de la Ventana de Johari. Incluso puede que, antes del Cisma, fuera más importante para ellas el hecho de sentirse parte de algo que esa necesidad que casi todos tenemos de afirmar nuestra individualidad.

La verdad es que la explicación que más me gusta es la del "Yo Ciego o Desconcertante". Según mis apuntes de Psicología del Trabajo, es lo que los demás ven en nosotros y nosotros no vemos, la impresión que causamos en los demás. Y es un tema que siempre me ha intrigado muchísimo, hasta el punto de que he investigado, he sondeado, he hecho encuestas, diagramas y hubiera hecho un modelo econométrico si hubiera sabido, hasta que he conseguido que mi "Yo Ciego" me desconcierte cada vez menos.

Comentarios

  1. Pero digo yo que la escindida una vez fuera se daría cuenta de que las otras dos eran iguales y pasaría al área libre.
    No te dejes deconcertar por el yo ciego, tienes mucha área libre para campar a tus anchas

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  2. Pues el caso es que parece que sólo ha cambiado de estética, pero sigue imbuida del "Espíritu Trilliza"... Y es que, uno es lo que es...y no hay más.

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