Leo en El Catalejo, que una de las mejores cosas que nos ha dejado este año 2007 en internet es el Facebook. Para quienes no lo sepáis (supongo que prácticamente ninguno), el Facebook es una red social on line, creada originariamente para universitarios. Tú entras, te montas un perfil, subes algunas fotillos, vas agregando amigos y firmas en los tablones de los demás. Puedes incluso dedicarte al ligoteo sin escrúpulos mandando mensajillos, práctica que es ya un clásico en internet. De hecho, según me contó Percomo, en EE.UU. incluso se utiliza como una forma de promoción profesional y recruitment (así lo llaman allá, no?). Percomo dice que hasta hay gente que coloca tranquilamente su dirección real en su perfil público. A mi me parece, cuanto menos, arriesgado.
Puede que muchos no conozcáis sin embargo el Tuenti, primo hermano del Facebook, gestado y parido en las aulas de ICADE. El Tuenti sigue el modelo del Facebook, pero en español, lo que facilita bastante las cosas. A diferencia del Facebook, sólo se puede ser usuario si alguien de dentro te manda una invitación, lo que en tiempos limitaba bastante el número de personas que podían acceder al mismo, además de asegurar que todos se movieran, más o menos, por los mismo círculos. Hoy, sin embargo, ya se les ha ido un poco de las manos, dado el ingente número de afiliados que supongo que hay (no he visto estadísticas ni nada, la verdad). De todas formas, desde las más altas instancias te recomiendan que seas selectivo a la hora de aceptar proposiciones amistosas.

Yo no tengo nada contra el Facebook ni contra el Tuenti como concepto. De hecho, es una fuente de información genial que te permite hablar de alguien con tus amigos por el messenger, enriqueciendo tus comentarios con instantáneas del susodicho, por ejemplo. Lo que me pasa siempre con estas cosas es que me da la sensación de que hay dos necesidades en conflicto.
Vamos a ver. Si uno se hace una cosa de estas puede ser por dos motivos principales. El más común (o el más reconocido) es el de recuperar el contacto con gente con la que hace mucho que no tratas. De hecho, son perfectos para esto: Tú te puedes unir a la red de tu antiguo cole, por ejemplo, y allí coincidir con todas esas hijas de Satán que te hicieron la puñeta cuando eras adolescente y sensible porque todavía llevabas top, y no sujetador, dejando patente de esa forma en los vestuarios del gimnasio tu total falta de feminidad. ¿Quién va a renunciar a recuperar estas amistades, perdidas en el incontrolable torbellino del tiempo y el espacio? Es como la versión on-line de una cena remember de la promoción. Otro de los motivos es utilizarlo como expositor de tu perfecta vida perfecta.
Este último es el que más en conflicto está con la otra necesidad, la de preservar un poquito la intimidad. Si quiero que no quede ninguan duda sobre lo perfecta que es mi vida, tengo que exponerme a las miradas, a los comentarios y a las posibles críticas de todo el que se le ocurra pasar por allí. Si aderezo mi perfil con detallados comentarios sobre mis preferencias y anego mi álbum de fotos de yo y mis circunstancias, perfectamente maquilladas y adornadas con la purpurina del éxito social, estoy dejando pocas cosas de mi mismo a la imaginación de los demás.
Es bien cierto que en todas estas redes sociales puedes restringir tus visitas sólo a tus amigos, de forma que sólo puedan verte las personas que tú consientas previamente pero, ¿es justo privar al mundo del gran regalo de conocer la existencia de alguien tan divino como tú? Oh, no, I don't think so...
PD: Os reto a que me busquéis en ambos dos :-p Ya os adelanto que sí que estoy.