viernes 28 de diciembre de 2007

Lo mejor del 2007...

Leo en El Catalejo, que una de las mejores cosas que nos ha dejado este año 2007 en internet es el Facebook. Para quienes no lo sepáis (supongo que prácticamente ninguno), el Facebook es una red social on line, creada originariamente para universitarios. Tú entras, te montas un perfil, subes algunas fotillos, vas agregando amigos y firmas en los tablones de los demás. Puedes incluso dedicarte al ligoteo sin escrúpulos mandando mensajillos, práctica que es ya un clásico en internet. De hecho, según me contó Percomo, en EE.UU. incluso se utiliza como una forma de promoción profesional y recruitment (así lo llaman allá, no?). Percomo dice que hasta hay gente que coloca tranquilamente su dirección real en su perfil público. A mi me parece, cuanto menos, arriesgado.

Puede que muchos no conozcáis sin embargo el Tuenti, primo hermano del Facebook, gestado y parido en las aulas de ICADE. El Tuenti sigue el modelo del Facebook, pero en español, lo que facilita bastante las cosas. A diferencia del Facebook, sólo se puede ser usuario si alguien de dentro te manda una invitación, lo que en tiempos limitaba bastante el número de personas que podían acceder al mismo, además de asegurar que todos se movieran, más o menos, por los mismo círculos. Hoy, sin embargo, ya se les ha ido un poco de las manos, dado el ingente número de afiliados que supongo que hay (no he visto estadísticas ni nada, la verdad). De todas formas, desde las más altas instancias te recomiendan que seas selectivo a la hora de aceptar proposiciones amistosas.


Yo no tengo nada contra el Facebook ni contra el Tuenti como concepto. De hecho, es una fuente de información genial que te permite hablar de alguien con tus amigos por el messenger, enriqueciendo tus comentarios con instantáneas del susodicho, por ejemplo. Lo que me pasa siempre con estas cosas es que me da la sensación de que hay dos necesidades en conflicto.

Vamos a ver. Si uno se hace una cosa de estas puede ser por dos motivos principales. El más común (o el más reconocido) es el de recuperar el contacto con gente con la que hace mucho que no tratas. De hecho, son perfectos para esto: Tú te puedes unir a la red de tu antiguo cole, por ejemplo, y allí coincidir con todas esas hijas de Satán que te hicieron la puñeta cuando eras adolescente y sensible porque todavía llevabas top, y no sujetador, dejando patente de esa forma en los vestuarios del gimnasio tu total falta de feminidad. ¿Quién va a renunciar a recuperar estas amistades, perdidas en el incontrolable torbellino del tiempo y el espacio? Es como la versión on-line de una cena remember de la promoción. Otro de los motivos es utilizarlo como expositor de tu perfecta vida perfecta.

Este último es el que más en conflicto está con la otra necesidad, la de preservar un poquito la intimidad. Si quiero que no quede ninguan duda sobre lo perfecta que es mi vida, tengo que exponerme a las miradas, a los comentarios y a las posibles críticas de todo el que se le ocurra pasar por allí. Si aderezo mi perfil con detallados comentarios sobre mis preferencias y anego mi álbum de fotos de yo y mis circunstancias, perfectamente maquilladas y adornadas con la purpurina del éxito social, estoy dejando pocas cosas de mi mismo a la imaginación de los demás.

Es bien cierto que en todas estas redes sociales puedes restringir tus visitas sólo a tus amigos, de forma que sólo puedan verte las personas que tú consientas previamente pero, ¿es justo privar al mundo del gran regalo de conocer la existencia de alguien tan divino como tú? Oh, no, I don't think so...

PD: Os reto a que me busquéis en ambos dos :-p Ya os adelanto que sí que estoy.

jueves 27 de diciembre de 2007

Oye Niña

Antes de que mi madre asesinase a mi neonata vocación musical con un certero y mortal "Hija mía, desafinas muchísimo", allá por mis tiempos más mozos, yo cantaba canciones de Hilario Camacho mientras mi tío me acompañaba (o yo a él) con la guitarra. Las pruebas, por suerte, se destruyeron. Supongo que alguien grabó algo encima de mis primeros pinitos artísticos. Dicen que la música es una fulana. En mi caso, además, es una ingrata.

Hilario Camacho murió el verano pasado y lo cierto es que hacía ya algún tiempo que le había perdido la pista, lo que prueba que yo también soy un poco fulana, y bastante ingrata. Compuso canciones como Tristeza de Amor o Madrid Amanece, íntimas y algo tristonas, y otras más irónicas y hasta un poco cachondas, como o D.C.O.D. (Despistado) o la sabiniana Güiski sin soda.

Oye Niña es una de esas canciones-súplica, que tanto me gustan, porque aunan la desesperación y la determinación: Primero determinación, para olvidar; después desesperación, por no poder, y luego determinación otra vez, para conseguir lo que tanto se desea. Evidentemente, me parece una idea totalmente romántica porque, yo estoy casi segura de que la indiferencia termina matando al amor y de que siempre se puede olvidar, si uno se esfuerza muy mucho. Sin embargo, la literatura, la música y el cine rebosan de pruebas en contrario, así que reconozco que es posible que me equivoque. Ciertamente, no sería la primera vez.

Aniquilaciones de todo romanticismo aparte, aquí os dejo la canción. Espero que todos alabéis mi creo que ya evidente, incuestionable, indiscutible y sobradamente probado gusto musical. Lástima que no se pueda decir lo mismo de mis aptitudes.

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domingo 23 de diciembre de 2007

Gossip Girl

Hoy me arrastro hasta vosotros desde las profundidades abisales para hablar de una grandiosa serie que. sin embargo, me abstendré de recomendar. Yo os cuento y ya vosotros hacéis lo que os parezca.

Gossip Girl es una especie de mezcolanza sublime de Crueles Intenciones, Fuera de Onda y The O.C., básicamente, creada precisamente por el mismo tío que parió a Seth Coen y a todos sus atribulados compañeros, Josh Schwartz, y que, según parece, siente predilección por los padres enrollados y las protagonistas rubias y guapas. Gossip Girl es una historia de amor y lujo, como ese anuncio de Calvin Klein en el que salía Scarlett Johannsson, pero plagado de dramas humanos, miedos e incertidumbres adolescentes que a todos nos han acosado alguna vez: ¿cómo sobrevivir en el Upper East Side de Manhattan?, ¿cómo hacer que mi madre esté orgullosa de mi y quiera que sea la modelo en su nueva colección de ropa?, ¿cómo ligarme a la hija de la clienta de mi padre para que ella le encargue a él que saque su compañía a bolsa?, ¿se está acostando mi padre con la madre de mi novia?, ¿para esta noche, la limusina o el mercedes?

La historia comienza cuando Serena van der Woodsen, una "it girl" de la cabeza a los pies que se pasea por todos los capítulos de la serie como la Sienna Miller de Manhattan, es avistada regresando de incógnito después de una misteriosa ausencia de 6 meses. A partir de aquí, ya os imagináis: la chica fue una arpía en otra vida, y ahora quiere cambiar pero, literalmente, a la pobre no le dejan. Ni su mejor amiga-enemiga, Blair Waldorf (vestida al estilo Carolina Herrera más ñoño), ni el novio de ésta, Nate Archibald, ni el ser despreciable, rastrero, lujurioso y asquerosamente rico que no podía faltar en una serie de este tipo, Chuck Bass. Menos mal que, afortunadamente, aparece por ahí cuando más se le necesita el chico tímido, sensible y culto de clase media de Brooklyn y, actualmente, el hombre de la televisión al que amo, Dan Humphrey, para intentar sacar a Serena de su superficial mundo de drogas, alcohol y sexo sin compromiso.

Pero, y por si esto no fuera suficiente, lo mejor de todo es que la serie está narrada por la voz en off de Kristen Bell (Veronica Mars, Elle Bishop en Héroes), una bloguera (¿no es genial?), Gossip Girl, que se dedica a destapar todas las intimidades de sus ricos vecinos y cuya identidad es absolutamente secreta.

¿Podría ser mejor? Yo creo que no...




You know you love me...xx oo, Gossip Girl

jueves 6 de diciembre de 2007

¿Soy una neurótica?, ¿yo?

Hace apenas dos minutos, una amiga con la que he compartido muchas confidencias delante de una buena Peroni sentadas en una mesa en la calle, con el abrigo calado hasta los ojos y una de esas especies de lámparas de exterior que calientan para protegernos del frío invierno romano, me ha dicho: "Somos neuróticas, cariño. Hay que afrontarlo." Yo le he contestado con una de mis típicas muletillas: "Sí, pero forma parte de nuestro encanto". Y ella, que me conoce, me quiere y, en consecuencia, me replica, ha añadido "Sí, pero de ese encanto que de vez en cuando se vuelve contra nosotras."

Como yo soy así, y no puedo esperar apenas 15 horas para que mi psicóloga favorita y oficialmente acreditada me explique, en persona, qué es la neurosis, pues lo he buscado en internet. Es que este término psicológico es el mítico super recurrente y apañado: en algún momento de nuestra vida a todos nos han llamado neuróticos, paranoicos o hipocondriacos (¿o es a mi sólo?) y, en mi opinión, muy a la ligera. Pero casi nadie sabe en qué consiste realmente. Mi intención es demostrar que yo no soy eso. Vamos al tema.

Como siempre, lo primerísimo de todo es buscar la palabra en la RAE (¿conocéis a alguien más que tenga el diccionario de la RAE en "Favoritos"? ¿soy o no soy friki y puñetera?):

neurosis.

(De neuro y -sis).

1. f. Med. Enfermedad funcional del sistema nervioso caracterizada principalmente por inestabilidad emocional.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


¿Inestable emocional yo? Quiero un abogado.

Sigamos. Con la bendita Wikipedia, por supuestísimo. Hace unos años hubiera sido la Encarta. Es curiosa la vida.
En psicología clínica, el término se usa para referirse a trastornos mentales que distorsionan el pensamiento racional y el funcionamiento a nivel social, familiar y laboral adecuado de las personas.

Yo no soy neurótica. Los novios de Paula y Déborah sí, es obvio. ¿Distorsión del pensamiento racional? Pues eso.

Como en la Wiki no venía mucho, he decidido matar moscas a cañonazos, y ver a ver qué tenía que decirme Google así, en general, sobre el particular. Y esto es lo que he encontrado:

La neurosis es una alteración mental caracterizada por la presencia de un alto grado de ansiedad. El miedo y las obsesiones, relacionadas con factores conflictivos personales o ambientales, dominan al afectado y le provocan un verdadero sufrimiento psíquico.

Si bien es cierto que todas las personas sufren miedos y obsesiones en mayor o menor medida, la mayor parte de la gente consigue dominarlos sin que afecten en demasía su actividad diaria ni su estructura mental.

No obstante en algunas personas predispuestas, la ansiedad adquiere una intensidad considerable y llega a marcar sus pensamientos y su comportamiento.

Existe cierta predisposición a sufrir una neurosis en las personas hipersensibles, con una emotividad superior a la normal, por lo general con un acusado sentido de culpabilidad, y que se sienten muy afectadas por las tensiones emocionales y por los hechos impactantes, como disgustos, peleas o accidentes, o por hechos o circunstancias banales a los que ellos otorgan mayor importancia de la que en realidad tienen y que les causan una fuerte alteración psicoemocional.

¿Hipersensible?, ¿emotiva?, ¿culpabilidad? Por favor, esta no soy yo...¡Pero si es la Mujer de Hielo la que escribe!

PD: Anarouss, ya hablaremos tú y yo...

lunes 3 de diciembre de 2007

El diabólico Itunes

Últimamente no doy abasto con tanta novedad tecnológica. Entre mis nuevos regalitos, mi trabajo absorbente y más gratificante a medida que se acerca el día 26 del mes y mis clases de curso CEAC-terapiadegrupo, perfectamente sustituibles por libros del tipo "devuélveme mi queso de una puta vez", "cómo dejar cortado al cabrón que te hace mobbing" o "cuentos para pensar que el mundo es de algodón de azucar", mi tiempo ocioso (pero ocioso de verdad, de perder el tiempo) se ha reducido pero mucho, mucho. Y yo no estoy acostumbrada a esto. Yo soy y seré siempre Erasmus. Y además soy de las que aprenden a base de prueba y error: si toco este botoncito y el invento se escacharra, ya lo sé para la próxima, y no lo toco más. Y hay muchos botoncitos, y muy poco tiempo.

La cosa se pone aún más fea cuando el Itunes se me revela. El Itunes es una invención de Satanás. Y el Windows Media nuevo es la copia pirata de la invención de Satanás. Y no me hagáis hablar del Windows Vista. Y además, es que no sé quién me convenció a mi de que necesitaba 4 gigas de mp3, si yo con que cupiesen Mardy Bum, Mad Season, Cenicienta, No estarás sola y El rocanrol de los idiotas, en modo random y repitiéndose ad infinitum me apañaba. Pero no: Decidí obviar que soy más bien tirando a rústica, y ahora no reconozco el 75 % de las canciones que suenan en mi reproductor. Porque con algo tenía que llenarlo, ¿no?

La moraleja de esta triste historia es: Amigos, alejáos del consumismo, y seguid el camino de la meditación, la conversación trascendental con uno mismo y el ascetismo. Si ya nos lo decían las monjitas, intentando inculcárnoslo infructuosamente, las pobres, con esas deprimentes cancioncillas suyas "puedo vestir a la moda, ser hábil con el balón, puedo tener mil caprichos, presumir de ordenador..." Está en juego vuestra salud mental y la amenaza de pulgares superdesarrollados para las generaciones futuras.