jueves 29 de noviembre de 2007

Déborah, mi nueva diva

La gente es rara de cojones. Y además no razona. Me vais a perdonar la generalización, y el taco también, aunque podría considerarse uno de esos tacos sedativos de los que hablaba Alfonso Ussía. Un taco bien dicho, sonoro, sin complejos, y totalmente justificado.
Iba diciendo que la gente es muy rara. Así en general. Y cada día que salgo a la calle, o me comunico de cualquier forma con el exterior, la vida real me golpea con un sinfín de evidencias, de ejemplos, que avalan esta teoría nuestra (de Percomo y mía).

No piensan en modo causal-consecuencial y, si lo hacen, siguen más bien un modelo causal-uniconsecuencial. Ya sé que todas las posibles consecuencias que algo puede tener son inabarcables, pero la gente al menos debería pararse un momento e intentar pensar en ellas, maldita sea. Bueno, digo "debería", y digo mal porque, ¿a mi qué más me da? De hecho, esta tendencia de mucha gente a no pensar, nos deja perlas como estas, rescatadas por Percomo de nuestra adolescencia. Últimamente estoy de un melancólico-evocador que asusta: hasta lo más turbio me llena de ternura.





Es largo, pero merece la pena. Si estáis pillaos de tiempo pasáos al segundo.

Conclusiones:

1º Si a una persona normal, con pareja, le llama alguien, totalmente desconocido, y le dice que si puede pintarle la casa a cambio de sexo...Bueno, lo de la pareja no es que sea secundario, pero incluso quitando eso: si a alguien le llama una persona desconocida, y le ofrece sexo, ¿qué piensa? "Esto es una coña, evidentemente". Sin reflexiones morales ni nada, lo primero que piensa es que es una coña. ¿Y si esa persona lleva 20 años recluida en una casa de campo, sin radio, sin internet, sin televisión, y, por tanto no sabe que existe gente sin escrúpulos que se dedica a gastar bromas telefónicas y, esa mañana, la caprichosa Fortuna le bendice con una llamada telefónica, a su teléfono sólo con cobertura para llamar al 112, y desde la otra línea le ofrecen sexo ? Bueno, igual si vive así y sola se lo piensa, pero en su cabeza, en cualquier caso, una duda como un eco "¿y si es una coña?, ¿y si es una coña?"

Déborah es muy nueva diva. Olvidáos de Caro.

Agradecimientos a Percomo, que me alegró el lunes con las penas de otros :-p Aunque he de decir que Paula y Déborah están mucho mejor solas, así que fue para bien.

domingo 25 de noviembre de 2007

Smile like you mean it

Hace un tiempo (no tanto en realidad) mis amigos y yo recorríamos las calles de Madrid buscando sitios en los que pusieran Smile like you mean it.

Una de las cosas buenas que tiene Madrid, y que casi permite obviar las prisas, los atascos y el, a veces triste, pero otras reconfortante, anonimato, es que uno puede encontrar casi cualquier cosa. Y un local en el que pongan The Killers no es que sea un gran reto, precisamente.

Por esa época nos dio por salir por Chueca. Alguna vez la Vallés y yo protestamos enérgicamente y reivindicamos nuestro derecho a sentirnos deseadas de cuando en cuando, pero lo cierto es que eran unas noches divertidísimas, sin postureo, sin que nos importase nada aparte de estar juntos, de echarnos unos copazos al buche y de pasarlo bien. Sin pretensiones. Sin más.

Hay distintas versiones sobre cuál es la mejor época en la vida de una persona, pero creo que la pugna suele estar entre los años de colegio (los últimos, por supuesto, de los 12 a los 16 es una fase oscura que nadie debería recordar) y los de universidad. Es obvio. Luego todo se emborrona, perdemos perspectiva. Olvidamos que lo más importante es qué nos pondremos ese fin de semana, a qué sitio iremos y con quién. Cuando nuestro principal problema deja de ser si suspenderé o no Matemáticas o las 27 posibles interpretaciones que tiene el mensaje que me mandó ayer por la noche Fulanito (por la noche, eso ya tiene que significar algo), malo.

Alguien debería habernos avisado de esto. Deberíamos haber desarrollado algún tipo de instinto o algo así, una especie de descarga, un flash que nos advirtiera de que estamos a punto de cruzar la frontera. Que nos diera la posibilidad de tirarnos del tren, o algo, cuando aún no hubiera cogido mucha velocidad. Yo, si pudiera, me bajaría ahora mismo.

domingo 18 de noviembre de 2007

Garden State

En este mes que llevo de culto y tributo constante a Zach Braff, no podía faltar esta recomendación. Ya os dije que yo si me obsesiono me obsesiono, y me he bajado música, pelis, he cotilleado blogs, y de todo. Hice una presentación sobre Scrubs el otro día en la universidad, aún a riesgo de pasar a encabezar la lista de las más marcianas (a tal punto llega mi devoción y fervor). Mi clase ya tiene fama de ser la de los raros pero, después de mi actuación del viernes puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que si esto fuera una peli teen americana, socialmente ahora estaría en el mismo saco que la tía chunga de El Club de los Cinco.

El caso es que yo, lo que quería decir, es que Garden State (traducido aquí por Algo en Común) es un peliculón que todo el mundo debería ver, aunque haya gente que no se lo merezca. Conozco las limitaciones de mi capacidad de convicción (persuasión, el mejor poder, sin duda) así que tampoco espero que os volváis todos locos, ni que tengáis vuestros ordenadores toda la noche conectados, echando humo bajándoos toda la discografía de The Shins y Garden State (peli y banda sonora). Pero deberíais. No digo que os vaya a cambiar la vida, pero ayuda a llevarla un poco mejor, maldita sea.

Esta peli es totalmente distinta a Scrubs, pero tiene esos toques de humor absurdo, esa capacidad de los personajes de reírse de ellos mismos que tanto me gusta, y que sirve de consuelo tantas veces, cuando ya no queda más que llevarse las manos a la cabeza durante un momento, y luego optar por echarse a llorar, o reírse de todo. Y se parece a Olvídate de mi porque, aún asumiendo que la vida es dura a veces, que las cosas se pueden joder, y mucho, apuesta por vivir, por sentir, aunque sea dolor, como Olvídate de mi apostaba por recordar, aunque a veces duela. Porque eso, al fin y al cabo, es la vida. Si algo está claro es que la vida es esto. Y es aquí donde está la diferencia entre vivir intensamente, o engañarse con la idea de que es mejor no sufrir, vivir en un sueño, atontado, dopado de irrealidad.






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PD: Si me fueran las tías, ahora mismo amaría a Natalie Portman. De hecho, creo que la amo un poco, pero rollo platónico.
PD2: No encontré el trailer en español.

jueves 15 de noviembre de 2007

"Sentarme en una tetería con Caro y hablar de Dalí..."

Hoy ha merecido la pena levantarse temprano, simplemente porque, en otras circunstancias, quizás no hubiera podido disfrutar de lo que, hasta el momento, ha sido lo mejor de mi día.

Este regalo de la providencia ha llegado en forma de periódico gratuito (gracias, gracias y gracias!)

Supongo que todos habréis visto, aunque sea de pasada, ese tipo de secciones en las que ponen fotos de gente de a pie a la que paran por la calle, y le hacen cuatro preguntas simples y concisas. Algunas de las preguntas son del tipo "fillinthegaps", es decir, te dan un comienzo de frase y tú tienes que terminarla. Hoy, la prota de uno de esos espacios era una chiquita. Al preguntarle por "su plan ideal" mi heroína a día de hoy contestaba "sentarme en una tetería con Caro y hablar de Dalí". Toma ya. Pero no acaba ahí la cosa, no. Por si había quedado alguna duda acerca de su supremacía intelectual, a la pregunta "no puedes vivir sin..." ella, imagino que mirando fijamente primero a los ojos del entrevistador, luego al infinito y luego suspirando justo antes, contestaba "Pensar". Supongo que el entrevistador le habrá dicho algo como "No, venga, ahora en serio...¿salir, beber, el rollo de siempre?"

Yo ya tengo medio asumido que soy un ser frívolo, poco carismático y con intereses más bien convencionales. No es que no me guste pensar. También me gusta Dalí, y me gusta el té, pero a no ser que Caro sea el nombre en clave que nuestras querida y cultivada amiga utiliza para referirse a George Clooney, y con té se refiera a un whiskazo, se me ocurren cienes y cienes de planes mucho más apetecibles que sentarme a comentar el mundo onírico y particular del surrealismo de Dalí (por muy interesante que este pueda llegar a ser) , mientras degusto una taza de earl grey tea. Si por lo menos hubiera cachimba, pues todavía...

En realidad lo mismo da que hable de Dalí, del imperativo categórico de Kant o de la influencia de las ideas de Thomas Malthus en las teorías de David Ricardo. Esta chica tiene todo y nada que ver con las divinas chicas Tintín: son igual de ridículas, pero de palos distintos.

Por cierto, si alguien pudiera ponerme en contacto con Caro...Si realmente su conversación es tan apasionante querré conocerla. Presiento que podría ser mi próxima diva.

miércoles 14 de noviembre de 2007

Putitas de lujo

"Cómo quiera, dónde quiera y cuándo quiera"

Abogados. Odiados y temidos a partes iguales. El trabajo del abogado, como bien dicen algunos directamente implicados, no es nada agradecido. Además de la feroz competencia, una vez sorteado este obstáculo, se aparece ante nosotros la gran verdad con claridad meridiana: tu pesadilla no ha hecho nada más que empezar.

Olvidáos de todas esas pelis, protagonizadas por un jovencísimo Tom Cruise, recién salido de Harvard. Sí, es cierto, probablemente muchos de nosotros nos encontremos alguna noche a las cuatro de la mañana en el despacho, despachando sandwiches de Rodilla mientras miramos la pantalla del ordenador. Pero no estaremos inmersos en la elaboración de una estrategia maestra para resolver un caso de millones de dólares, sino poniendo los puntos y las comas en un escrito de otro pavo.

Si la máxima de "el cliente siempre tiene la razón" es clave en la mayoría de los negocios, en el nuestro lo es todo. Vendemos servicios y eso, a fin de cuentas, se traduce en que vendemos nuestro tiempo. Vendemos nuestra vida, vaya, a cambio de, sí, quizás unos honorarios bastante suculentos. Pero es que la esclavitud se abolió hace tiempo y, como consecuencia de las restricciones legales imperantes, los esclavos son caros hoy en día. Oferta y demanda. Siempre es todo cuestión de oferta y demanda. Nunca menospreciéis el valor de la economía como explicación de absolutamente todo tipo de realidades.

La economía nos dice también que, yo sólo estoy dispuesto a pagarle más a alguien si me da algo que nadie más puede darme, o si hace algo que nadie más está dispuesto a hacer. Se despeja y, la ecuación queda bastante sencilla: Putitas de lujo. Muy cualificadas, con idiomas y con unas determinadas aptitudes sociales quizás, pero putitas de lujo, al fin y al cabo.

¿Pero qué broma es esta?

Cada semana, aproximadamente, me levanto y me digo a mi misma (suelo mantener bastantes conversaciones conmigo misma, de hecho), que voy a cambiar de blog. Una vez al mes, aproximadamente, elijo un nombre y creo uno nuevo, lo monto (no es tan difícil, realmente, con blogger) y escribo un post, generalmente absurdo explicando, de forma más o menos críptica, por qué lo he hecho. La mayoría de vosotros sabe por qué lo hago. Para quienes no lo sepáis, creédme, no es una historia nada morbosa o interesante, así que os la puedo ahorrar. En cualquier caso, si estáis super intrigados, podéis mandarme un mail y, gustosamente, os daré una explicación tan convencional que os decepcionará.

Sea como fuere, aquí está por fin.

viernes 9 de noviembre de 2007

Everything- Michael Bublé

Ya dije ayer que estoy romántica. La culpa la tiene la canción que más me relaja del mundo entero, a día de hoy.
Yo voy caminando por las mañanas hacia el bus, y casi que no me importa tener que levantarme a las 7 para que una tía me explique las maravillas secretas de la pregunta retórica como técnica de comunicación. Si, después de comer, voy en metro, no me tomo mal que la escalera de subida en Avenida de América esté jodida y haya que subir andando, es más, lo veo como otra oportunidad más para fortalecer piernas y glúteos. Si me enrabieto porque un super jefe escribe un mail diciendo que lo de la disponibilidad para el fin de semana (y fiesta de la Almudena) "no es opcional", yo me planto mis cascos y me evado, en modo "soñadoralavidaesmaravillosa".
Un remedio mucho más cómodo, barato, y con el único posible efecto secundario de que a uno lo tachen de cursi, que el prozac, para enfrentarse a la vida cotidiana.
Y es que Michael Bublé es agradable, en el sentido más convencional de la palabra. No tiene una voz super original, muchas de sus canciones son versiones, y no es abanderado de ningún grupo social cool o moderno. Es sólo un tío que canta muy muy bien. Sin más.
Yo amo a Rob Thomas, eso está claro, y nada de lo que pueda decir a continuación, deslucirá mi incondicionalidad hacia él, su grupo, y cualquiera de los proyectos en los que se embarque. Pero, si en el coche yo le pongo Mad Season a mi madre, ella me exigirá que lo quite inmediatamente. Starlight de Muse me parece una gran canción, pero confieso que la primera vez que la escuché la pasé. De Arctic Monkeys, quitando Mardy Bum, que me encantó desde la primera vez, las demás canciones me gustaron a fuerza de tenerlas de fondo mientras hacia otras cosas. Si estaba escuchando música, específicamente escuchando música, muchas de ellas me las saltaba.
Escuchar esta canción es como acostarse en una cama con las sábanas recién lavadas y planchadas (un gran placer que sólo valoraréis en su justa medida si ya no vivís en casa con vuestros padres), como oler a limpio, como salir a la calle en un día soleado, o como tomarse un batido de chocolate con sirope de chocolate, nata montada y trocitos de almendra. No es innovador, no es quizás molón. Es simplemente algo que a uno le gusta hacer. A mi me gusta, al menos.

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martes 6 de noviembre de 2007

Fotomatón

En mi uni, que es como un cole, nos hacen entregar a primeros de curso unas fichas con nuestro teléfono, nuestra dirección, nuestros nombres y, por supuesto, con una foto.
Si al hacerte una foto ya tienes un riesgo bastante elevado de salir mal (los fotogénicos no lo entenderíais), la probabilidad tiende a uno cuando te la haces en un fotomatón. Por algo se llaman fotomatones, aunque este sea un chiste muy manido y bastante pueril. No sólo tienes que pagar más de tres eurazos por unas fotos en las que sabes que saldrás con cara de yonqui, con las ojeras pintadas al carboncillo y los granitos de la frente realzados por esa favorecedora luz de flexo de morgue que te ciega agradablemente con el primer fogonazo, sin darte casi tiempo a colocarte después de haber metido las monedas en la ranura ad hoc.
Yo, que sé que el mundo es cruel, y la vida dura, intento limitar al máximo las experiencias poco gratificantes. Por eso, a principios de curso, o más bien en noviembre, cuando ya he aterrizado un poco en el mundo real, me dedico a revolver cajones, buscando fotos aceptables que poder pegar en las fichas. Evidentemente, llega un momento en el que ya no me queda más remedio que hacerme fotos nuevas. La cosa es que, si tengo suerte y hay fotos, tengo que pasar, en cualquier caso, por el mal trago de hacer una retrospectiva, a veces de varios años incluso, por mi pasado fotográfico relativamente reciente. Muchas fotos son claramente desechables, como esa para la que se me ocurrió ponerme un pañuelo de esos que se llevaban antes y que vendían a 200 pesetas en los hippies y en la que parezco una irlandesa convertida al Islam de Al-Qaeda (primero convertida al Islam, y luego militante de Al-Qaeda, se entiende), o esa que nos hicimos después de que nos maquillaran gratis en El Corte Inglés, en la que miro a la cámara cual nínfula motera, con esa chupa de cuero negra que me gustaba tanto. Otras, en cambio, son muy convencionales, y perfectamente válidas.
De momento nadie se me ha quejado. Es una de las ventajas de ser una no muerto incorruptible, que pasa el tiempo y una no cambia.

lunes 5 de noviembre de 2007

Timofónica o la picaresca española

Supongo que decir que Telefónica es un timo no es ninguna novedad, pero yo, que por algo he estudiado Derecho, como que todavía no termino de perder la fe en la Justicia, así, con mayúsculas, como concepto cuasi absoluto. Es por eso que, con estas cosas, aún me hierve la sangre.
En casa, tengo ADSL, y también tengo un router, pero mi router y el Windows Vista como que no se entienden.
Así que hace una semana llamé al 1004 para ver cómo hacía para conseguir uno nuevo. Ya había cotilleado un poco en Telefonicaonline, y sabía que hay uno que cuesta alrededor de 34 euros. Así que nada, después de muchas vueltas, y mucho doña Amanda por aquí, y Doña Amanda por allá, al final conseguí que la perra del Averno con la que me pasaron finalmente, después de haberle soltado todo mi rollo a cuatro personas antes que a ella, bajara de los 80 euros que quería cobrarme inicialmente a los 30 que pone en la web, supuestamente como justa recompensa por mis dos años de fidelidad a la conexión a internet de Timofónica.
Hoy, ya mosqueada porque el router se hacía de rogar más de lo prometido, he vuelto a llamar. Un agradable comercial me ha asegurado que mi pedido estaba en fase de confirmación, y que el precio no era de 30 euros, sino de 80. Yo, que tengo mucho callo en eso de esperar al teléfono ya que, prácticamente, vivo de llamar al Registro Mercantil de Madrid, he aguantado estoicamente toda su perorata, incluida la oferta de Imagenio, que no quiero ni imaginar la gran estafa que será. Finalmente le he dicho que muy bien, que si eran 80 euros quería cancelar el pedido. El siervo de Satanás se ha ido a cursar mi reclamación y, a los dos minutos, se ha vuelto a poner al teléfono y me ha dicho que, como se había quedado con el intringulis de qué error podían haber cometido al informarme (él no, por supuesto, el que me hubiera informado antes que él), había vuelto a consultar el estado de mi pedido y que sí, que efectivamente me iban a mandar el router por 30 euros.Y que me pedía disculpas en nombre de Telefónica.
Me he acordado del libro que estoy leyendo, El Economista Camuflado, de Tim Harford. El señor Harford habla de lo que él llama "la estrategia de la autoincriminación". Consiste en distintos métodos que utilizan las empresas para identificar a aquellos clientes que SÍ están dispuestos a pagar más de los que NO para, de ese modo, no perder ninguna oportunidad de negocio. Es decir, si hacer un café cuesta 10, pongamos, y lo puedo vender a 30, sacaré un beneficio de 20. Pero puede ser que haya gente que no quiera comprarlo por 30. Entonces, si a esa gente se lo vendo más barato, a 15 por ejemplo, saco 5 de beneficio, que es más que el beneficio 0 que sacaría si no me lo compraran. En el libro se pone el ejemplo de la diferencia de precios que hay entre un café con leche normal en Starbucks y uno que lleve además sirope de vainilla. El coste de hacer ambos cafés es el mismo prácticamente, pero el precio varía bastante. De esta forma, si uno compra el de vainilla será porque le guste el café con la vainilla, pero querrá también decir que es muy poco sensible a los precios porque, por menos dinero, podría consumir un producto casi idéntico.
Parece que en Telefónica son menos sutiles que en Starbucks. Aquí directamente te ofrecen el mismo mismito producto a dos precios (con una diferencia de 50 €, nada menos) a ver si picas.

He de decir, y espero vuestras admiradas alabanzas, que yo timé una vez a Telefónica. Y, hasta el momento, he salido impune. Pero esa es otra historia.

domingo 4 de noviembre de 2007

Overkill

A mí lo que me pasa es que, a veces, me obsesiono con cosas. Podría decir que hay cosas que me apasionan, pero creo que "obsesionar" es una palabra mucho más ajustada para describir un estado que es casi febril.
Mi nueva obsesión es Scrubs. Scrubs es, hoy en día, para mi, la mejor serie que se ha hecho y hará jamás. Y voy por la vida en "modo Scrubs", hablando conmigo misma, riéndome de mis propios chistes, y con banda sonora y coreografías.
Realmente, sólo puedo ponerle una pega: ¿no podría ser de abogados, en lugar de de médicos?

viernes 2 de noviembre de 2007

Super Ratón

Leo por ahí, que en EE.UU. (¿dónde si no?) han creado superratones, haciendo virguerías con un gen de no me preguntéis qué ni de qué manera. El caso es que los ratones transgénicos son más resistentes, viven más, pero parece ser que también son más agresivos.

Hablando de ratones superiores y de científicos, supongo que ha sido inevitable que me acordase de Flores para Algernon, un libro que me regaló Patoaparato por mi cumpleaños, con la intención, bastante explícita, de que llenase un poco mis lagunas en el género de la ciencia ficción. No diré que es un libro bastante tierno, porque entonces parecería vulnerable, sensible y todas esas cosas que, sin duda me alejan de la nueva "filosofía superratón". Pero diré que es cortito, y poco perezoso de leer, y me permitité el lujo de recomendároslo.

La noticia me ha parecido la pera limonera. Incluso lo de la agresividad me parece un toque genial, como justa penitencia. Es lo que estábamos todos esperando, después de todo. Todos nuestros anhelos de sublime perfección, a nuestro alcance, y de forma mucho más sencilla y menos trabajosa. Si la cosa cuaja y los ratones no terminan matándose dándose de cabezazos contra los barrotes, pronto podremos parir dulces y pequeños superniños, con la mala uva necesaria para enfrentarse a la vida moderna. Supongo que estarán ya investigando para poder manipular el gen de la guapura y de la delgadez.

Me imagino que el siguiente paso será ya experimentar con humanos. Se creará una especie de raza de superhombres, manipulados genéticamente, que nos darán a todos nosotros mil patadas. Serán muy guays, y todo eso. Una especie de mezcla entre el Clark Kent de Smallville y los tíos de Héroes, pero con bastante más mala leche. Algunos de ellos serán unos torturados, deseosos de ser normales e integrarse. Otros pretenderán dominar la tierra, y esclavizar y someter a toda la humanidad inferior en toda su mediocridad.

En cualquier caso, como esta historia la están desarrollando los americanos, supongo que, dentro de unos años, ganarán ellos las Olimpiadas en todos los deportes. Eso como poco.