lunes 29 de octubre de 2007

Mierda de lunes

Hoy no tengo moral para nada más que para tumbarme en la cama y ver Scrubs. Lo único que puede salvarme el día es empapuzarme de humor absurdo, surrealista y, a poder ser escatológico. Presiento que mañana será uno de esos días absolutamente prescindibles. Estoy segura de que el mundo no dejaría de girar si no me levantara temprano mañana. No creo que aprobar el curso dependa de que mañana vaya a clase. Y por supuesto que la labor que potencialmente podría desarrollar mañana como jurista no sería, ni en el mejor de los casos, definitiva e imprescindible para la ciencia jurídica. Pero, aún así, el odioso sonido de la alarma-despertador del móvil me arrancará de algún sueño desasosegante. Yo diré algo así como "joer", o "mierda". Me levantaré de la cama, tocaré el suelo helado con los pies, veré que no hay leche en la nevera, me ducharé y se me acabará el agua caliente antes de conseguir enjuagarme el pelo en condiciones. Saldré a la calle, obsesionada con que me ha quedado una pastuza de residuos de champú en la coronilla, iré a clase, y juraré en arameo unas doscientas veces por considerar millones de cosas una completa pérdida de tiempo. Si tengo suerte, alguien me recordará que ya es martes y que el jueves es fiesta. Quizás alguien me haga reír. Puede que consiga tomarme un buen café.

Creo que mi psicóloga está en la sala.

Nota de la tía pirada con tendencias depresivas que firma estos textos repletos de sandeces: Desasosegante existe. Lo he mirado en la página de la RAE.

domingo 28 de octubre de 2007

Mercado de Fuencarral

Ayer entré en el mercado de Fuencarral por primera vez en todos los días de mi vida. Esta experiencia me ha perturbado terriblemente.

De hecho, he de confesar que, hasta este año, pensaba que Mercado de Fuencarral se llamaba a todas las tiendas que hay en la calle Fuencarral, agrupadas bajo ese nombre en general por tratarse de un lugar en el que, básica y primordialmente, se compra.

Si he de ser sincera y, aún a riesgo de herir susceptibilidades, entrar ahí fue como entrar en el Stradivarius de mi patria chica, sustituyendo la música chungomachacona por un rollo musical más modernillo,a veces más místico, a veces más Muse.

Siempre he sido más bien indecisa a la hora de comprar, y más si se trata de cosas originales y atrevidas. Según me dijeron, la filosofía del Mercado de Fuencarral es que las cosas que compres las lleve el menor número de gente posible, para que así tú puedas ser el más cool del lugar (el que sea). En su propia definición está el quid de mi fracaso. Para alguien como yo y, según creo, como el común de los mortales que, básicamente se dedica a comprar cosas que le han gustado y que ha visto en otra gente (a copiar, vaya), fue bastante terrible entrar en un lugar en el que todo lo que había no se lo había visto puesto nunca a nadie y, además, se suponía que todo era tendencia. Cualquier cosa podía ser una buena opción, pero camuflada bajo su apariencia de "terriblemente caro para lo que es" o "terriblemente caro", a secas.

Mi atención vagaba, delirante y sin control por todo el mogollón de ropa, complementos y cosas, en definitiva, que anegan las pequeñas tiendecitas. Mi cerebro no tenía tiempo de procesar la información antes de pasar al artículo siguiente: "me gusta, no me gust, me gus..., no sé si me..., pero qué coño es eso?" y así. La música y los colores estridentes no contribuían precisamente a calmar mi ánimo, ni a ordenar mis ideas. Todo ello a rebujo con la presión interior de mi conciencia con tendencias BoBas: "estás en el Mercado de Fuencarral, por dios que tienes que comprarte algo".

En un momento dado, que no puedo concretar, mi sentido común se manifestó en toda su magnitud e hice un comentario muy ofensivo acerca de un espantoso bolso dorado y, si no fuera porque estábamos en el Mercado de Fuencarral, yo diría que bastante cutre, con la cara de Frida Kahlo. Pondría la mano en el fuego porque también era indecentemente caro. Fue algo así como "no llevaría ese bolso aunque mi vida, y la vida de todos mis seres queridos, dependiera de ello". A partir de ese momento dejé de luchar. Me rendí a la evidencia de que me iría de allí con las manos vacías.

viernes 26 de octubre de 2007

BoBa

No sé si alguno de vosotros recordaréis una entrada anterior que se titulaba Vocabulario Básico: conocerlo es un "must"..., en la que ensalzaba a la antes trasnochada pero ahora felizmente en proceso de desintoxicación Kate Moss, como cúlmen de la moda. Bueno, pues tengo que deciros que ese breve glosario comienza a estar ya obsoleto. Más que obsoleto está incompleto, en realidad.
Estas últimas semanas, el cansancio no me dejaba fuerzas para nada, ni siquiera para la envidia. Así que decidí centrar mi atención en publicaciones básicamente ofensivas, exhibición de las miserias más humanas de todas esas divas tan divinas. No os lo recomiendo. Quitando a Britney Spears y a alguna más, ya me gustaría a mi salir de fiesta con la cara que tiene cualquiera de ellas al levantarse por la mañana.
Bueno, el caso es que, el otro día, en una de mis visitas a casa de Luxi, visita en la que se debatió sobre temas de conversación tan interesantes y trascendentales como el nuevo estilo acuñado por Paloma Cuevas (faralae casual wear, fondo de armario para estar cómoda en el cortijo) o si es verdad que Sienna Miller copia a Kate Moss (yo copio a ambas y nadie hace un drama de eso), me di cuenta de que había algunas cosas básicas que debía saber, pero que no sabía.
No sabía, por ejemplo, que lo que hay que ser ahora es BoBo (Bohemian & Bourgeois). Después de mucho leer e investigar sobre el tema, terminé comprendiendo que lo que en el vocabulario más IN es BoBo, para mi, que no puedo estar más OUT, venía siendo "pijo-modernillo" Modernillo así dicho, con rentintín y desprecio. El BoBo es, en definitiva, un Yuppie políticamente correcto. Está perfectamente justificado que te gastes una pasta en ropa (informal, eso sí), en viajes a sitios lejanos (cuanto más lejanos e inexplorados mejor que mejor), 10 libras semanales en el Starbucks, aunque haya una máquina de asqueroso café en tu oficina y el Starbucks sea el colmo de la globalización y el imperialismo, y corras a Fnac a comprarte el Ipod nuevo o, más guay aún, lo pidas por intenet si, como contrapunto, eres un tío culto que lee a autores malditos, que cita sin que le tiemble la voz a grandes filósofos y que está comprometido con varias organizaciones no gubernamentales.
El tema es, en definitiva, ser lo suficientemente cultivado como para 1) tener pasta para todo, 2) poder argumentar las propias incoherencias. De hecho, navegando por aquí, encontré a alguien que decía que era como una especie de simbiosis entre Yuppies y Hippies. Lo cual está muy bien, porque se puede ser todo, sin renunciar a nada. Y no lo digo a modo de crítica en absoluto, sino más bien como la solución a (casi) todos mis desvelos.
Yo creo que, si me esfuerzo mucho, puedo conseguir ser BoBa (ya lo soy un poco, de hecho). Y, desde ahí, ¿quién sabe? Puede que llegue a ser una auténtica Mujer Actimel.

lunes 22 de octubre de 2007

Otro sueño roto...

Leo por ahí que dice el Ministro de Justicia que, si vuelven a ganar las elecciones, uno va a poder ser juez sin opositar.

Yo no es que me muera por ser juez, pero si a una le ofrecen un empleo en la Administración Pública, pues allí que se va, que no están las cosas como para desperdiciar oportunidades. Y tengo yo ganas ya de tener moscosos.(¿Tendrán moscosos los jueces? es que, a veces, hablo sin saber...)

Me las prometía muy felices, y ya me veía yo allí, vestida con la toga, impartiendo justicia, "tú a la calle, tú al trullo", cuando he leído, francamente decepcionada, que sólo van a poder ser jueces sin opositar los alumnos de las universidades públicas.

Yo paso, pero mucho, de toda esa guerra pública-privada, privada-pública, la verdad. No sé, si alguien viene a decirme que mi universidad es más fácil que la suya, que si otro gallo me hubiera cantado en la pública, y patatín y patatán, ni me molesto en discutir. Es lo mismo que con lo de los colegios. El mío era concertado y, si alguien me provoca ya mucho, pues le digo la nota que saqué en Selectividad (que, según creo, es igual para tó quisqui), y fiesta. En todas partes cuecen habas, yo sólo digo eso. Y defender a capa y espada que lo de uno es lo mejor, pues es una opción de vida como otra cualquiera. A veces, para ser feliz, es mejor ser autocomplaciente que realista. Pero si a uno le lleva a exaltarse, y a infravalorar los esfuerzos que han hecho los demás para aprobar sus exámenes, pues casi mejor interiorizarlo, y quedarse calladito, pienso yo.

A lo que iba. Que no quepo en mi de indignación. Mi oportunidad para ser juez se ha desvanecido, casi tan rápido como se me figuró. ¿Para esto me chupé yo la reválida? ¡Tengo un título validado por la Complutense! Ná, eso no sirve para nada.

Dice además el señor Ministro (no es por rencor ni nada, pero se dice, se comenta, que el anterior era mucho más majete, y además toca la guitarra) que quiere que los jueces sean personas "impregnadas de vida", y que, actualmente, los que preparan judicaturas, están "aislados" y "alejados de la realidad", manteniendo únicamente el contacto con sus preparadores, lo que "no es bueno" (en este preciso momento, estoy visualizando a un pobre "oposita", con la mirada perdida y huidiza, y hablando consigo mismo). Eso está muy bien. Y a los que se han pasado años encerrados estudiando en casa, preparando oposiciones pues nada, que les zurzan. Por inadaptados y amargados. Y dice también este buen hombre: "Me gustaría que los jueces pasaran por un tiempo por los servicios de urgencias de los hospitales (???????), y que conocieran lo que es la tensión en el trabajo. Pero que lo vivieran, no de paso (???????????????)" ¿Jueces?, ¿hospitales? A mi como que no me sale la ecuación.

Para terminar, he de decir que la intención del Señor Bermejo no puede ser mejor: "que la justicia se nutra de lo mejor de la sociedad". Es una lástima que los criterios que ha elegido para seleccionar ese segmento me dejen, ya de partida, fuera del juego.

miércoles 17 de octubre de 2007

Jalogüin

Muero por hacer algo en Halloween. Y lo digo con tiempo, a quien pueda interesar, porque sé que luego pasa lo que pasa. Y lo que pasa es que hay que improvisar sobre la marcha. Pero, ¿qué hay de la emoción de la espera?, ¿de la dicha de la preparación?, ¿de la frustración cuando uno se da cuenta de que las expectativas superaban, y con mucho, la realidad? Este año eso no me lo quita nadie.

Muchos pensaréis que es una fiesta inmunda, comercial, imperialista y yankee. Pero paso de vosotros. A veces yo también soy de lo más comercial e insustancial. A veces compro la Cuore. A veces (las dos veces, de hecho) veo a MAM, y pienso en lo que ha mejorado este chico desde que salía en UPA.

Aún así, para que los que vais de profundos escarmentéis, os diré que Halloween es una fiesta que proviene de la cultura celta, exportada a EE.UU. por emigrantes europeos, y allí ya se popularizó (a veces también leo la Wikipedia).

Según parece, la calabaza es un símbolo de Halooween, porque se dice que las brujas utilizaban cráneos humanos como bonitas y estilosas lámparas de noche, colocando velitas en las cuencas de los ojos. ¿A que mola? Los pobres irlandeses emigrados no podían utilizar cráneos humanos cuando llegaron a EE.UU. Ignoro si los usaban en su Irlanda natal, y los americanos represores les obligaron a abandonar esta genial costumbre de decorar su casa con cabezas humanas iluminadas.

¿Sabíais que por mis venas corre, mezclada con sangre judía, y con otras mixturas que desconozco, sangre irlandesa? ¿A que esto también mola? ¿No debería acaso honrar a mis antepasados, y salir ese día, asumiendo todas las posibles consecuencias? Y es que, parece ser que, en la noche del 31 de octubre, los espíritus se dan un garbeo, deseosos de buscarse un cuerpo en el que reencarnarse. Y es por eso por lo que la gente se disfraza, para despistar. Y, ¿no debería, emulando las costumbres de mis ancestros y, aún a riesgo de caer en un tópico, tomarme algunas copichuelas para celebrar semejante evento?

Para ir abriendo boca, os dejo un test que he encontrado, que hicieron para el suplemento cultural de El Mundo, para el Halloween del año 2000 (aún más terrorífico, porque se suponía que ese año se acababa el mundo y los jinetes del Apocalípsis venían a montar su escabechina y el Juicio Final y pitos y flautas) También os dejo un link para que me podáis mandar una postal, para felicitarme, o para invitarme a alguna divertida fiestecilla temática (avisad con antelación, por Dios, que una se tiene que preparar para salir a recibir a tanto muertovivientediabólicosedientodevenganzayladróndecuerpos) Y, además, os cuelgo (pidiendo disculpas de antemano a estómagos sensibles), esta muestra gastronómica jalogüiense, para dar ideas, más que nada, que he encontrado en esta web:

Ummmmmm...., qué rico!

Ahí queda eso.

martes 9 de octubre de 2007

Mejor persona

Estaba totalmente decidida a dejar hechas esta mañana todas esas asquerosas gestiones administrativas que me persiguen sin descanso, pero con más ahínco si cabe cuando me despierto en medio de la noche (que es mi momento más sensible del día, junto con los minutos antes de quedarme dormida), desde que aterricé en el mundo real y descubrí que mi colegiación no se iba a hacer sola. Lo malo es que, a la luz del sol, las penas son menos penas, los plazos más largos, y los papelajos menos importantes.

Mi preocupación por las gestiones burocráticas deriva directamente de mi personalidad, tendente al despiste y a la mala priorización. Y, como me conozco, sé que lo iré dejando, hasta que se me eche el tiempo encima, y tenga que pedir favores a diestro y siniestro. Y no es que a mi no me guste pedir favores, es que entiendo que es un rollo que a uno se los pidan. Y como aspiro a ser mejor persona, aparte de ducharme todos los días, que es una práctica en la que ya tengo una cierta experiencia (y puedo afirmar con certeza que Lu también), estoy intentando hacer mía la máxima esa de ponerse en lugar de los demás. La empatía me sugiere la siguiente reflexión: no me gusta que la gente huela mal, y por eso yo me lavo. Y yo odio con todas mis fuerzas hacer recados.

El caso es, como supongo que ya habréis adivinado, que no he hecho prácticamente nada de lo que tenía que hacer. Ha surgido un plan mucho mejor: tomarme un café con Percomo y viajar en el tiempo hasta el curso pasado, en el que la vida era más simple, pero quizás también menos interesante.

Enlazando con esto, fue precisamente con Percomo y con Patoaparato con quienes comentaba el otro día la gran verdad que se esconde tras frases tan mojigatas como "Fulanita es muy fácil" o "Menganita se lía con todos". La realidad encubierta y reprimida es "Qué envidia me da que Fulanita y Menganita tengan mucho más éxito que yo". Ya sé que no viene a cuento de nada, pero tenía ganas de decirlo. Y nunca he tenido el suficiente éxito como para ser Fulanita o Menganita, y también intento que la envidia que siento por ellas no sea evidente, diciendo frases como esas, así que no se puede decir que esté muy implicada.

El otro día muchos hablábais, con mucho respeto e incluso con un cierto cariño ya (y eso que aún no habéis visto a mi pequeño engendro), de mi mesa customizada. Agradezco vuestras palabras de apoyo, queridos míos. Valorar mi trabajo, aunque sea tristemente mediocre, os honra, y os hace también mejores personas.

Ahora me ha dado por comprar, casi todas las semanas, el Cuore. Yo lo justifico (aunque no tendría por qué, la verdad) de la siguiente forma: Si me paso toda la mañana escuchando hablar del sistema financiero, y toda la tarde mirando escrituras, tengo todo el derecho del mundo a mi pequeño momento frívolo del día. Supongo que leer el Expansión me haría mejor persona, pero no lo tengo claro del todo.

Y como hoy nada viene a cuento de nada, pues también puedo decir que el domingo es el Concierto de Carlos Siles, a las 9 y media en la Sala Clamores. Y que si queréis ser mejores personas deberíais ir. Pero eso sí, bien duchaditos.