Desatinos de una

El peligro de ir por la vida con el piloto automático puesto, es que a una le pueden pasar cosas como dar una vuelta completa de campana en su trayecto en el suburbano. Una puede coger, por ejemplo, el metro en Príncipe de Vergara, para hacer el cambio en Avenida de América, y darse cuenta, cuando está de nuevo en el mismo punto del que partió, de que debería haber girado la primera a la izquierda hacia la línea 6, en vez de haber cerrado el circuito volviendo a la línea 9, pero en la dirección opuesta a la que tomo inicialmente.

Es una conjura, una conspiración, que haya exactamente el mismo número de paradas, dos, para llegar al destino, en las dos líneas por las que una tiene que pasar para llegar a Nuevos Ministerios. Así que, si una se despista porque va pensado, pongamos, por ejemplo, en si esta tarde después del trabajo se va a pedir una horchata, una caña, o va a dejarse de chorradas y pasarse directamente al whisky, o en lo bien que le sienta la madurez a Rob Thomas, al final termina exactamente en el sitio en el que empezó la travesía. Y una se pregunta "¿será esto una señal divina, un mensaje de alguna fuerza superior, cósmica, que intenta hacerle ver a una que lo que debe hacer es quedarse en casa, poner la tele y dejar que su cerebro se disuelva entre la pereza de la siesta y la programación vespertina?" Pero parece que a una aún le queda un ápice de voluntad. Así que vuelve a pasar por los mismos sitios, ante la mirada perpleja del tío que toca el saxo en la estación, que está ya flipando "de qué va esta tía", porque resulta que no es la primera vez que la ve dar la vuelta entera, y encamina sus pasos en la dirección correcta, prometiéndose a si misma que esta vez sí, que esta vez estará atenta.

PD: ¿No os sentís mucho mejor, más inteligentes y avispados, después de leer el ser absolutamente absurdo que es una?

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