Bricomanía VS Ikea

Hoy voy a ejercer, para todos vosotros, de economista camuflada. Economista-doméstica camuflada, para más señas. Leí algo parecido hace un tiempo en el ESDLV, sólo que en ese caso, se trataba de las cuentas de la alergia. Lo mío son las cuentas que tendría que haber hecho Bridget Jones si, hipotéticamente, un día se hubiese levantado queriendo emular a esas estilosas damas que se dedican a la restauración de muebles.
Todo empieza con una mesa de sala de estar, de esas bajas, pintada de color granate. No es que a mi no me guste el granate. Es sólo que no va con los cojines de mi salón. Ya sé que hay gente que mezcla colores extraños con acierto, pero yo soy más de la rama neoclásica. Conclusión: Pintar la mesa de blanco.
Esta última afirmación, además de estúpida, se ha revelado increíblemente ineficiente (muchos recursos, resultados muy poco satisfactorios). Es como todo lo contrario a todos los pilares básicos de la economía.
Todo habría sido más sencillo acudiendo al catálogo de Ikea, después a Ikea (ahora hay uno en Vallecas así que podría haberme desplazado hasta allí cómodamente por menos de 1€, porque además yo tengo bonobus), y comprando esto:



Oh! pero qué ven mis ojos! un cojín! y es granate! Funda de cojín FELICIA, 5'99€/ud.


Y, si de algo han servido mis sufrimientos en tediosas clases de matemáticas, eso hace un total de unos 13€, aproximadamente. Y como resultado obtenemos un salón, perfectamente conjuntado.
Pero no, ¿por qué no convertir mi casa mejor en una especie de plató de Bricomanía, con ese agradable olor a decapante y a pintura que obliga a tener todas las ventanas abiertas, precisamente ahora, que empieza a hacer frío? Pues, dicho y hecho. Manos a la obra. Si total, sólo me va a costar...umm, a ver:
Decapante Titanlux:8'85€.
Pintura blanca Titanlux: 7'35€.
Brocha: 3, 60€.
Máscara de papel: 1'60€.

Hacen un total de 21'4€, exactamente. Y si a esto le sumamos el papel de lija para la lijadora eléctrica que hemos tenido previamente que pedir prestada, pues sí, puede llegar facilmente a los 25€. Pero, ¿qué me decís de la emoción de trabajar con las manos?, ¿de la satisfacción del trabajo bien hecho?, ¿de la maravillosa sensación de poner los pies , y ensuciar con los zapatos una mesa blanca que tú mismo has pintado?. Y diréis, pues una mierda. Y diréis bien. Y la cosa es más sangrante aún si tenemos en cuenta esto: Os presento a la mesa de centro LACK, en color blanco. Por el módico precio de 16,'59€ en Ikea, ¿dónde si no? Y con el mismo billete de metro.


Y encima la mía no tiene revistero...



El resultado es que, por sólo 25€, tengo en mi casa una estupenda mesa, pintada al gotelé. Como bien decía esta mañana mi Querida Inglesita, me acostumbraré a verla, y terminaré cogiendo cariño a esa especie de engendro que tanto dinero, tiempo, trabajo, dolor de cuello y espalda, y pintura en las partes más insospechadas de casa y cuerpo, me ha costado. Tendré otra estupenda historia que contar en las recepciones en mi humilde morada, aderezadas con exquisita comida rápida, y cerveza de litrona. Será una historia tan exitosa como aquélla del vómito: "Cómo nos pasamos una tarde entera perpetrando una mesa de madera".
Sólo advierto una cosa: Si alguna vez pisáis mi casa, ni una palabra despectiva acerca de mi querida mesa mutante.

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