¡No sin mi cuaderno!

En cualquier trabajo es fundamental la organización, eso está clarísimo-cristalino.

Yo, en plena ardua labor de integración despachil, y con toda mi buena voluntad, observo a mi alrededor y asimilo pautas de comportamiento que me permitan desenvolverme con relativa soltura en este cruel y solitario mundo laboral.

En un principio, resultado de un análisis poco profundo y quizás, sólo quizás, un poco apresurado de la situación, me pareció que el primer paso para ser una organizada abogada de éxito era hacer una incursión bastante agresiva en el armario de material y hacerse con todos los post-its de colores (cuantos más colores mejor) posibles. El nivel de entrega y de responsabilidad se mide en el número de post-its repartidos por los bordes de la pantalla del ordenador, el teléfono, la mesa, o cualquier superficie en la cual sea posible la adherencia. En mi ignorancia, justificada por la novedad, pensaba que la aparentemente arbitraria colocación y los diferentes colores de estos papelitos adhesivos, escondían un depurado código, siguiendo criterios de urgencia, importancia, etc.

A día de hoy, he constatado que, el uso indiscriminado de post-its, aboca, irremediablemente, al desorden y al caos más absolutos.

Por eso he conseguido un cuaderno. Un cuadernito de esos de espiral de toda la vida, pequeño y verde, donde voy apuntando absolutamente todo, para que nada se me olvide. Lo nuevo que me mandan y lo que tengo pendiente. De esta forma, mi cuaderno se ha convertido en una especie de diario laboral "hoy Fulanito me ha pedido que vaya al Registro Mercantil, yo le he dicho que vale y he ido, luego he vuelto y me ha dado las gracias...qué ilu!" o "Menganita me ha hablado mal esta mañana...estoy un poco triste...me cae mal Menganita..."

La vida de la abogada que pretende ser organizada es muy exigente. Todo tiene que tener su momento, y todo tiene que hacerse con orden. En mi cuaderno intento apuntar todas las actividades que tengo que llevar a cabo a lo largo del día, por ejemplo: 1. Terminar de rellenar el formulario tal, 2.Llamar por teléfono a cual, 3. Ir a ver a noséquién a ver si me manda algo, 4. Ir a coger un café de la máquina (la máquina se llama de Vending, al igual que las diapositivas se llaman slides y la subcontratación se llama outsourcing), 5. Ir al baño, 6. Ordenar esos papeles, 7. Hacer otra intentona en el baño, 8. Contestar un mail, 9. Darme por vencida y hacerme con el cómodo, limpio y funcional enema ese que anuncia en la tele la tía que se va de viaje toda estresada (la pobre...)...

La conclusión es que mi vida laboral no gira en torno a una Blackberry, sino a un cuadernito con las tapas verdes. Porque siempre ha habido clases.

Y bien, ¿quién se ha llevado mi cuadernito?

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