Cotidianidad

Desde que Pedrator me erigiera en diosa de la cotidianidad, en ese magistral comentario-regalito de cumpleaños, parece que hubiera caído sobre mi una maldición, y todas las reflexiones que se me ocurren son sobre los supermercados Sabeco y las tiritas-veraniegas de los pies.
Algunos de estos temas son mucho más relevantes de lo que, a simple vista, pueda parecer, especialmente lo de las tiritas (tiras de sandalias cercenando la piel, e incluso la carne de los pies, generando callos y ampollas, contribuyendo a la aparición de dolorosos juanetes...)
Siempre he reivindicado el día a día. Recuerdo que, cuando era pequeña, me preguntaba, torturada, casi jurando en arameo (salvo por el pequeño detalle de que no sabía que era el arameo y que en el cole me habían dicho que jurar era pecado y que el Infierno estaba lleno de pequeñas niñas que algún día habían tenido la osadía de hacerlo), por qué nunca nadie escribía libros sobre niñas normales, que tenían que levantarse cada lunes e ir a clase, enfrentarse a profesoras con escasas dotes pedagógicas y nulo instinto maternal, o lidiar con niños que se entretenían poniendo motes (ahora sería bullying) o levantando faldas (ahora sería acoso sexual), en lugar de sobre niños magos (no se trataba aún de Harry Potter, sino de un libro de Michael Ende que hablaba de una escuela de magia, porque, no hay nada nuevo bajo el sol), o sobre 5 hermanos -primos, acompañados de un perro mestizo, que dedicaban sus veranos a resolver misterios y, lo más impactante y envidiado, a los que permitían tener animales en el colegio en el que estaban internos el resto del año.
Ahora, en cambio, vuelvo a casa deseando que pongan en la tele alguna serie absolutamente fantástica, llena de cosas que nunca podré hacer o que nunca me ocurrirán, básicamente porque la mayoría son ilegales o atentados contra los más elementales principios de la moral. Y en eso debe de consistir crecer, en evadirse a través de otros para que la vida tenga más miga y poder dormir tranquilamente, sabiendo que se nos cataloga aún dentro del grupo de los adultos responsables.

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