Becaria, que no Beccaria (broma friki...)

Supongo que lo de postear desde el trabajo debe de estar fatal, pero hasta aquí me ha llevado la involución. El primer día no me atrevía ni a abrir gmail, el segundo ya me leí el periódico, el tercero me metí en mi blog a ver si alguien había comentado (mi ordenador personal está aún en "stand by"), y hoy he dado un repaso a casi todos los blogs que conozco. Llevo aquí desde las 9 y media y ya me he tomado un café, he ido tres veces al baño, y le he escrito 7 mails a mi compañera. Y me aburro. Pero me da vergüenza perseguir a los abogados del despacho para que me manden ordenar algún archivador de papeles, colocar algún post-it o escribir alguna carta que me corregirán 27 veces hasta que por fin le pasen a alguna secretaria mucho más cualificada que yo para que arregle el estropicio. Ser becaria es el escalón más bajo de la jerarquía despachil: Ralentizas el trabajo, molestas en todas partes, deambulas como alma en pena por los pasillos con una insoportable sensación de impropiedad, miras con ansia mal contenida a los abogados a ver si se dan cuenta de que estás y te mandan que hagas algo y, cuando por fin te lo mandan, rezas para que no sea demasiado complicado. Pero siempre es complicado, porque nunca sabes exactamente qué tienes que hacer y si lo que haces está bien o, al menos, es mínimamente aprovechable. Sales de la carrera, entras en un sitio de estos y piensas que eres la pera limonera, pero es una ilusión. Es algo así como cuando pasas del patio de pequeños al de mayores en el cole.

Bueno, al menos los cafés son gratis...

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