...ya no puede caminar...

Las cucarachas son conocidas por su gran resistencia. Una cucaracha a la que se le corte la cabeza puede sobrevivir unos nueve días, para finalmente morir por inanición. Además, es capaz de soportar grandes dosis de radiactividad: estos insectos sobrevivieron a las bombas nucleares que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki.
Blattodea. Wikipedia.


Esa misma mañana había estado hablando de ellas con un amigo en la cafetería. Él me comentaba que tenían cucarachas en el colegio mayor, y yo le ofrecía todo mi interés y comprensión. Pero a él no le debió de parecer suficiente consuelo y, en un momento de la conversación, debió de pensar que "mal de muchos...", y maldijo nuestro hogar, sugiriendo que seguro que nosotros, viviendo en un primero, también teníamos.

Anoche, a modo de celebración por la clausura extraoficial del periodo estival de exámenes, decidimos salir. Las posibilidades que ofrece la noche madrileña un lunes merecen un post aparte. El caso es que llegué a casa a una hora poco habitual, me metí en el baño y la sorprendí. O más bien ella a mi. Era de las negras. Sé que el color de las cucarachas no debería ser un criterio de distinción, y que camino peligrosamente por la frontera de la discriminación racial. Sólo quiero apuntar que al menos no era rubia: odio las cucarachas rubias.

El caso es que, a falta de ningún arma mejor y, eliminando ab initio la posibilidad de matarla con una zapatilla u objeto similar, algo que ni me planteo porque el sonido de su cuerpecito duro haciéndose papilla me produce náuseas, literalmente, decidí gasearla con un ambientador, marca Dia. Dejó de moverse, y yo me fui a la cama, sin tenerlas todas conmigo. He tenido experiencias previas con cucarachas y sé que algunas sobreviven al Cucal, así que, por muchas cualidades tóxicas que se le presuman a los ambientadores del Dia, no creía que para ellas sean un veneno mortal. Y, efectivamente, no lo es.

Esta mañana he ido al baño y la he buscado, con pocas esperanzas de encontrarla, en el rinconcito en el que la dejé ayer. No estaba, evidentemente. Eso quiere decir que ahora se pasea por mi casa una cucaracha, muy cabreada y posiblemente sufriendo mutaciones como resultado de la exposición al gaseado. Me he metido en Internet, intentando que algún argumento de autoridad rebatiera lo que yo ya sé por experiencia: que las cucarachas te las puedes encontrar hasta en la almohada. Los primeros efectos de la paranoia se dejan sentir: alucionaciones. Me parece verla en todas partes. Todas las canciones me recuerdan a ella.

Estoy aterrada. Estoy segura de que la muy cabrona está, en estos momentos, armando un ejército para vengarse de mi tentativa de asesinato (porque he de confesar que hubo alevosía).

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