Tribulaciones de una maruja de 23 años

Ya os lo dije, así que ya lo sabéis: Soy una maruja auténtica. Y cada día que pasa, más. Yo creo que mi...dolencia? característica? defecto? se ha visto agravado por la búsqueda, hasta hace muy poco infructuosa, de casa. Antes, cuando iba a ver una casa en alquiler me fijaba en si el edificio era bonito, en la pintura de las paredes o en las vistas. Ahora, me abalanzo sobre el portero, la propietaria, o quién sea ametralleándole a preguntas: "¿es gas natural o eléctrico?, ¿tiene vitrocerámica?, ¿cuándo hicieron la última reforma?, ¿metros útiles?" Me he convertido en una especie de híbrido entre maruja puñetera y tía de agencia inmobiliaria. Y me desprecio. Pero a la vez me necesito. Porque el mundo es un lugar hostil y cruel, y los propietarios de pisos para alquilar son seres sardónicos y malintencionados, con una visión de la relación espacio-tiempo muy particular y personal ("¿qué esto está lejos?!no, hombre, no, esto en 7 minutos te plantas en el Corte Inglés!") y una valoración de MIS necesidades que difiere un tanto de la mía ("pues no sé para qué necesitas dos dormitorios, yo he tenido aquí durmiendo a dos personas tres años y nunca se quejaron...") Y tengo que ir por la vida en modo "BuffyenCruelesIntenciones", de niña buena por fuera, pero con el crucifijo lleno de cocaína (es metafórico, es metafórico!!)

He recuperado de mi pasado fotologuero reciente este post, para que veáis que mi estado actual no ha sido algo que ha salido así, de la nada, de la noche a la mañana, sino el resultado de un, a pesar de breve, proceso de evolución.

03/13/07
Soy una maruja, ya está, ya lo he dicho. Sí, lo reconozco. Imagino turbias y encendidas escenas de amor con Leonardo Sbaraglia cada vez que sale en la tele (no sé qué tendrán los hombres en la cabeza, pero yo lo único que tengo ya es a Leonardo) :-p :-p :-p (no va en serio, claro)Y quiero protagonizar el anuncio de Kalia Oxi-Action, y lavar ropa con agua fría en la plaza de un pueblo de la Extremadura profunda. Miro atentamente todos los anuncios de detergentes y quitamanchas para encontrar la manera de eliminar ese puñetero e indeleble surco amarillento debajo del sobaquillo en las camisas blancas, y compro los ambientadores con nuevas y modernas fragancias que salen al mercado. Lo de los programas matinales, medio del corazón, medio de política, con intermedios en los que se nos ofrecen ventajosos créditos de 3000 euros a corto plazo para arreglar las cañerías los tolero menos ya. No por ningún tipo de conflicto o complejo ético, sino porque son un rollo. Aún vislumbro un rayo de esperanza. Además, aún no me ha dado por leer a Antonio Gala mientras pongo en remojo unas lentejitas, al más puro estilo sabinero "Como te digo una co, te digo una o".

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