Yo no puedo ser Fernando Alonso...

Hoy me siento una piltrafilla, el más vil e infecto gusano que ha arrastrado su patético cuerpecillo por este mundo.
Ya se mascaba la tragedia en el anterior post, ya se percibía un cierto tufillo a resquemor, ya. Nadie leyó acaso eso de "No puedes ser tan guay como Fernando Alonso pero si hablar como él?" He aquí el germen del drama. Otra piedra para mi sepulcro, construido a base de mediocridad, inseguridad y desaliento.

Y es que, me han convencido de que nunca podré ir a 300 km por hora, mi corazón no podría aguantar 210 pulsaciones por minuto, no podría estar a miles de km de mi familia y de mi casa, no podría jugarme la vida cada día y, lo peor de todo: no tengo una forma física sobrehumana (es la verdad...)
Así que, lo único que me queda, es pasarme a Vodafone y ser una vulgar "grupi", una burda imitación de este gran hombre...

Primero apareció como jefe vikingo escoltado por dos rubias buenorras, luego salió el anuncio del niño en el cohete de cartón que se va deshaciendo porque sólo algunos (ALGUNOS, con mayúsculas) son capaces de perseguir su sueño, hasta alcanzarlo, como el sobrenatural Fernando. Y ahora este. No sé, si yo fuera el amiguete al que recomienda probar el mercedes en ese otro anuncio, me preguntaría si realmente es tan bueno el coche, o es que Fernando transmite su carácter cuasi-divino a todo lo que toca. Temporalmente.

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