Pre-mamá

Ya es la tercera vez que me pasa.

Esta mañana, al entrar en el metro, atestado de gente a esas horas y con todos los asientos ocupados, un señor se ha levantado y me ha ofrecido gentilmente su asiento. Yo me he girado, porque no entendía por qué, entre todas las personas que había en el vagón, me lo cedía a mi, pero él me ha señalado con el dedo, de forma insistente y sin que quedasen dudas, ni para mi ni para todo el resto del vagón, sobre a quién se estaba dirigiendo. Durante un segundo he tenido un ataque de vanidad, en modo "Fernando-Alonso-anunciando-Vodafone"(nunca podrás ser tan guay como Fernando Alonso, pero sí hablar como él), y he pensado que era algún tipo de manifestación de caballerosidad-guión-coqueteo, pero he bajado la vista y me he fijado en lo que me había puesto esta mañana, y lo he entendido todo: el pobre hombre pensaba que estaba ante una joven madre en potencia. Inmediatamente he movido la cabeza en señal de negación, y me he arrastrado hasta el rincón más recóndito del vagón, mientras todo el mundo me miraba, preguntándose ya a estas alturas de cuántos meses podía estar, si el pequeño sería niño o niña o cómo se ganaría la vida una chica tan joven, para poder sacar adelante a su retoño: "Seguro que trabaja de camarera o algo", "Sí, sí, en un club nocturno o así", "Uy, ¡a saber de quién es el niño!", "Si ya lo decían en la tele, que ha aumentado una barbaridad el número de embarazos no deseados...", and so on... Pero lo peor no ha sido eso, lo peor ha sido cuando, de repente, se me ha ocurrido que igual no estaban pensado nada de eso, que igual yo me estaba acercando peligrosamente a la edad en la que no es tan descabellado que una chica pueda estar esperando un hijo matrimonial...pero en seguida se me ha pasado.

Una experiencia muy dura para las 9 de la mañana, en cualquier caso.

He dicho que esta es la tercera vez que me pasa. La primera fue un encuentro con una perfecta desconocida que, en el más mínimo de los niveles de discreción y, pasando olímpicamente de todas las bases de una conversación educada y cordial entre desconocidos, e invadiendo mi espacio vital sin el menor cargo de conciencia, se atrevió incluso a tocarme la tripa, mientras me preguntaba cómo era que iba a ser madre tan joven. La segunda, fue también en un medio de transporte público, en Roma, y no he vuelto a ponerme esa camiseta.

Y es que la culpa de esto la tiene la moda pre-mamá, los vestidos baby-doll y el corte imperio de las camisetas, y no el consumo abusivo de chocolate y Vips Clubs, como apuntan algunos. Lo juro.

Angieconsejo de la semana: Si tenéis dudas sobre la futura maternidad de alguien, nunca cedáis vuestro asiento. Las 9 de la mañana no es una buena hora para una humillación así, pero no creo que un ataque semejante a la autoestima sea justificable a ninguna hora del día.

PD: La imagen es de mi futuro pequeño. Su precocidad informática se debe a mi adicción a escribir chorradas en un blog. Y, adelantándome a los previsibles comentarios malévolos, añado que sí, que por esa regla de tres, bien podría venir con una jarra de sangría debajo del brazo.

Comentarios

  1. Jajajajajaja, es genial! A mi eso nunca me ha pasado, lo mío creo que fue incluso peor. Una noche me fui a cenar con mis dos primas de 11 y 9 años, cuando nos estaban sirviendo la camarera hizo un comentario en el que básicamente dijo que esas dos niñas tan creciditas y bien criadas eran mis hijas, obviamente mi cara de shockeada fue épica, y las carcajadas de mis primas mientras me llamaban "mamá" ni te cuento, echando cuentas habría sido madre a los 17 años y a los 19, ahí es nada.

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