Las tres máximas del estudio

Un profesor del cole (oh, Paco! our dancing baby!) nos dijo una vez que el verdadero estudio era el repaso. Y yo, que antes estudiaba repitiendo hasta la saciedad y casi el colapso nervioso y, en alto, cada párrafo, crispando los nervios de los que compartían pared medianera de habitación conmigo, me lo tomé en serio y pasé al segundo método de estudio conocido: dar varias pasadas, más rápidas, a los temas. Así eliminé esa horrible sensación de que no me daba tiempo que sentía, de forma sistemática e inevitable, todos los días previos a un examen, apoyado por la también inevitable llamada de alguna amiga que utilizaba el método b) y que ya lo había estudiado todo, aunque le quedaba "el repasón". Yo siempre pensé que eso de "el repasón" era un cuento chino, para que no me sintiera tan retrasada y, además yo no tenía tiempo ni para un repasín, así que no me consolaba nada.

El caso, como decía, es que este método me sirvió casi hasta terminar el bachillerato, cuando ya vi que repetir en alto me costaba mucho tiempo, saliva, y otra vez mucho tiempo, porque tenía que beber agua cada poco y levantarme al baño cada 15 minutos. Sospecho que de esta época vienen todos mis problemas de incontinencia (verbal y urinaria, sólo).

Pues eso, que al llegar a la universidad me pasé al método b) que se basa en dar todos los repasos que el tiempo, la previsión y la pereza me permitan.

Otra persona me dijo otra vez que la sensación que se tiene el día antes de un examen de que no te acuerdas de nada, se debe a que intentas recordarlo todo en conjunto, pero eso es imposible, y que, al plantearte una pregunta concreta, llegará la inspiración y podrás responder. Y yo apliqué esta máxima como mi segunda regla de oro del estudio, por puramente consoladora. Y porque provenía, aunque indirectamente, también de una profesora. Y cuando ellos dicen algo que nos beneficia hay que hacerles caso.

Me contaron que una vez un profesor de la universidad dijo que los alumnos sabían, en realidad, mucho más que los profesores. Yo quise tomarla como mi tercera regla de oro, por eso que he dicho de que es algo dicho por ellos en nuestro beneficio y eso, pero me tuve que rendir a la evidencia. Y, francamente, no creo que yo sepa ahora mismo más del IRPF que nuestro querido inspectordehacienda-osito. Si acaso Amaia...

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