De cómo elegir siempre la opción con mayor coste de oportunidad

Hay gente que nace con estrella y gente que no. Si eres de los que no, entenderás perfectamente y de inmediato a que me refiero. Si eres de los que sí, no sigas leyendo (pero haz click un par de veces en la publicidad para pasarme algo de tu buena fortuna en forma de céntimos de dolar antes de marcharte. Gracias. Ciao).

Bien, si has llegado hasta aquí es porque aún tienes dudas de si estás en el primer o el segundo grupo. Como el tiempo es oro y no es cosa de ir desperdiciándolo por ahí en leer cosas absurdas y, puestos a leer cosas absurdas, hay muchísimas cosas preferibles a esta, piensa un momento: ¿En tu vida parece que la mejor opción es siempre la no realizada?

Si has contestado afirmativamente y además sigues leyendo (la peor opción de todas las posibles), no hay duda: Eres de los nuestros.

Bueno, pues ahora que estamos entre amigos, voy a ilustrar mi exposición con una serie de ejemplos de lo que quiero decir. Y el mutuo entendimiento y el clima de empatía que se generará entre nosotros nos acercará los unos a los otros, hermanados por la falta de suerte, común a todos.

Situación 1: Tus amigos y tú habéis salido. La noche está siendo un pestiño absoluto, y decides que te vas a casa. Al día siguiente todo el mundo te llama, te intercepta por los pasillos, o te abre una conversación en el messenger para comentarte lo increíble que fue la noche de ayer. "Sí, sí, sí, Fulanito terminó bailando encima de una mesa, a la pata coja, con un mini de sangría en una mano y un sujetador en la otra", o bien, "Sí, fue increíble, llegamos al sitio, nos dejaron pasar gratis y nos invitaron a todo", o bien, "Nada más irte tú se nos acercó un grupo de tíos tremendos". Etcétera.

La versión b) de esta situación es la noche que decides que no sales. Y no sabes lo que te has perdido, claro.

En estos casos, como en casi todos, lo mejor es ser extrapunitivo: la culpa no es tuya, no es por ti, no es que tú seas gafe y cuando tú salgas el plan sea un soberano coñazo, no. Ellos mienten, está claro. Ni Menganito el que no bebe nunca se pilló una cogorza, ni Futanito a una rubia despampanante.

Situación 2: El chico o la chica que te gusta suele frecuentar un determinado antro que, si no estuviese iluminado por la luz que emana de todo su ser, te parecería una aberración pisar. O eso es lo que te han dicho: "No, joer, en serio, si viene siempre aquí. Debe de ser que justo este día no ha salido o algo." Evidentemente, cuando decides dejar de hacer el pardo y cambias de local, al día siguiente te enteras de que ahí estuvo tu amor, en el antrazo de costumbre. Como un clavo. Sin piedad.

Situación 3: Te dejas una pregunta para el examen porque no tienes suficiente tiempo o tienes demasiada pereza. Después de todo, Pepito lo hace siempre, y nunca le cae. ¿Tú qué pasa? ¿qué eres nuevo? Y es que tú no eres como Pepito, ¿cómo te lo tengo que decir?

También para esta situación existe una versión b): Justo la vez que no vas a clase el profesor decide pasar lista. "¡Y ya es mala suerte, tío!" Ya, no me jodas encima, anda.

Hay muchas más situaciones, está claro. Por ejemplo cuando eliges el peor plato de todos en ese nuevo restaurante al que habéis ido por primera vez (por eso me gusta tanto Vips, un Vips Club y no hay fallo). Pero no es cosa tampoco de ensañarse con el personal, que aquí estamos para ayudarnos. Por eso, aquí va mi Angieconsejo de la semana: Intentad elegir siempre activos sin riesgo (y aquí activo se puede tomar en sentido figurado). Es evidente que no siempre se puede pero, si tenéis ocasión, no intentéis haceros los listillos intentando obtener una mayor rentabilidad, con un poco más de riesgo (rentabilidad y riesgo también en sentido figurado, como muestra de que la Dirección Financiera está ya haciendo mella en mi espíritu y enriqueciendo mis metáforas). No tenéis suerte, asumidlo. Si hay un riesgo, por ínfimo que este sea, la cosa saldrá mal.

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