Se va el caimán...

En ocasiones uno está haciendo cualquier cosa, como estar en clase, en una especie de presentación chorra de un montón de tíos chungos de Merrill Lynch que no llegan por las noches a su casa a ver C.S.I. (Charlie dixit), esperar en la parada del bus, estudiar o hablar con cualquier persona, y la cabeza de uno va a su rollo. En muchos casos no estamos prestando atención, pero también hay algunas personas capaces de pensar en varias cosas a la vez (en serio...también algunos chicos).

Concretamente pensaba en esas conversaciones en las que tú estás atento, y que incluso luego podrás reproducir, y contar a otra persona (que probablemente también piense en otra cosa cuando lo estés haciendo, y eso si tienes la suerte de que te preste atención...). Escuchas, asimilas, meditas y piensas en posibles comentarios con toda tu buena intención, pero, de vez en cuando, se te va, generalmente pensando maldades que no puedes decir. Aunque tampoco te quedas con las ganas ni nada, porque (y esto es casi seguro) sólo te harían gracia a ti.

Y no es que no te interese, no, no. Puede incluso ser todo lo contrario. En particular pensaba en ese tipo de conversaciones en las que tú te interesas por la vida de alguien (porque tienes que hacerlo, porque no conoces a nadie más por allí y de algo tendréis que hablar o, incluso, porque de verdad quieres saberlo) pero, a la otra persona no le apetece extenderse en detalles sobre su vida reciente (paradójico, sí, lo sé...todos sabemos que la conversación preferida de uno es uno mismo pero, creédme, a veces ocurre). Bueno, que me voy. El caso es que esa persona te responde con monosílabos o construyendo frases lo más escuetas posibles y tú deduces que es que no te quiere dar coba y que está deseando que te calles ya de una maldita vez. Piensas: "Joer, nada, tío, si quieres establecemos un código, si es que sí asientes, si es que no mueves la cabeza de lado a lado y si es que no sabes subes los hombros, así no tienes que hacer ni el esfuerzo de hablar. O si no, si eso gruñe: un gruñido es que sí, dos es que no..;en fin."

Hasta aquí bien: una historia triste de nadie-me-escucha-ni-quiere-cuentas-conmigo o soy-un-coñazo-de-tío. Pero no os rindáis a sensibleos ni a crisis de autoestima, no os regodeéis en la autocompasión. No. Putead. Haced preguntas que requieran una explicación pormenorizada, no deis opciones para que elijan entre varias, no hagáis preguntas del tipo "tú trabajabas en tal, no?". No. Que sufran. Y que hablen.

Y nada. Seguro que se os ocurren miles de veces en las que se os fue, se os fue...

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