Depresión postvacacional

Es difícil no tener depresión postvacacional cuando el mundo conspira contra ti para que sí que la tengas, por muy bien que te vaya la vida. Si te va un poco peor eso ya supone una alineación de astros que auguran catástrofe segura. Es el destino.

Uno de los ingredientes básicos de este cóctel mortal que nos roe la moral y nos obliga a pitar desagradablemente en los atascos (si yo condujera pitaría, sin ninguna duda, pero por el momento no se me puede achacar esto), y a mirar mal a la viejecita que se nos cuela en el bus (esto sí, mea culpa), es que ya queda poco para el verano, que el tiempo se nos echa encima, y que nos quedan un montón de cosas que hacer. Y es una sensación contradictoria, porque por un lado deseamos que llegue, pero por otro no nos da tiempo, no nos da tiempo y no nos da tiempo (isn't it ironic?)

Por ejemplo, está comprobado que uno de los detonantes de la depresión de después de Semana Santa es la maldita operación bikini. Es que somos unos subnormales. Uno no aprovecha esos momentos en los que está encantado de la vida, en la playa todo el día, o tirado a la bartola para ponerse a dieta, no, va y elige las mejores fechas: después de Semana Santa y después de Navidad (que lo de después de Navidad es ya la leche, vaya, gordo como una pelota, con los exámenes de enero a la vuelta de la esquina, con la jodida nueva lista de propósitos para el nuevo año en una mano, y en la otra con los propósitos sin cumplir del año anterior..; es que es como para tirarse por el puente de la m-30).

Conclusión: uno está puteado porque se acaban las vacaciones y, al mismo tiempo, está puteado porque tiene que prepararse para las siguientes. En definitiva, uno se pasa 3 meses asqueado, entre periodo vacacional y periodo vacacional. ¿Y para qué? Para 15 días en agosto :-p

Un fuerte aplauso para Döl. El vídeo es cortesía suya.

Comentarios

Entradas populares