De toallitas bronceadoras

El puente de mayo para la gente que se queda en Madrid puede ser un periodo profundamente fructífero, si uno se pone en "modo optimista". Mientras esos que se ha ido de vacaciones y que nos contaban sus planes hace unas semanas, todo ufanos, se queda en el hotel/apartahotel/tiendadecamping porque llueve en media España, nosotros pensamos que, al menos, no nos estamos gastando la pasta. En Sevilla, sin embargo, me parece que no llueve, así que, frente a eso, no hay forma de consolarse.

Yo, en este puente, estoy haciendo mogollón de cosas. Además de desentrañar los misterios de la valoración de activos de renta variable (mis preferidos), he desenterrado del baúl de los recuerdos recientes a las grandiosas Chicas Tintín, y he podido terminar por fin de ver "¿Dónde vas Alfonso XII?". Pero no, no me tengáis lástima, no quiero para nada vuestra conmiseración, no la necesito. ¡He dicho que no!

En fin. Además este tiempo inmisericorde me impide vegetar en el Retiro por las tardes, lo que, indefectiblemente (palabra de la semana de Amanda) influye en mi estado de ánimo. Y no precisamente para bien. Eso, y ver Forrest Gump, película con la que lloro desde el minuto 5, incomprensiblemente. Creo que es un rollo parecido al conductismo de los perros de Paulov: Es ver el título y empezar a moquear.

Siguiendo con el tema del Retiro, todo este cúmulo de despropósitos (sumad el mal tiempo, la proverbial falta de luz solar de mi batcueva y la necesidad de lidiar con la valoración de acciones, frente a la amenaza representada por el examen cuasi-inminente de Dirección Financiera) me están empujando, sin que yo pueda hacer nada para evitarlo, a los brazos de las toallitas bronceadoras. Si las cosas siguen así, seguro que descubro que soy alérgica.Después de haberme intoxicado con ellas, claro. O algo peor.

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