La vida no es Friends...(y nunca mejor dicho)

Los vecinos son una variedad de humanoide que no debería existir. Como los/as ex de tu novio/a, sólo que los vecinos son muchos más molestos, porque generalmente a los/as ex no tienes que verlos cada día en el rellano, ni oírlos a través de la pared (si alguno de vosotros se encuentra en una situación así, todo mi apoyo y conmiseración, sois unos verdaderos héroes, os respeto y admiro).

Mis vecinos son, en general, ruidosos y porculeros, aunque en su descargo he de decir que las paredes de mi casa son extraordinariamente finas.
No sé cuántos niños hay en los pisos de al lado, pero por sus lloreras nocturnas yo diría que son siete u ocho, por lo menos.

Mi hermano asegura que el vecino de la casa que da a su cuarto, enciende la radio con puntualidad británica, todas las mañanas de sábados y domingos a las 7 de la mañana, pero no creo que eso sea comparable a ser despertada a las 6 de la mañana de un domingo previo a un examen por una discusión conyugal, o parejil en cualquier caso. Ni tampoco a amanecer con la alegre musiquita amorosa de los somieres del piso de arriba, puteada, con una mezcla de pudor-monjil, de mala leche por tener que madrugar y de envidia de la mala (cabe la posibilidad de que los muelles suenen por cualquier otro motivo, como por ejemplo porque la cama sea muy vieja, o porque el inquilino se mueva mucho, porque el caso es que nunca se escuchan gemidos ni nada parecido, pero una siempre tiende a malpensar).

Pero este fin de semana Marina ha compartido conmigo el colmo de las molestias vecinales: Celine Dion a todo trapo a las 9 de la mañana de un domingo de un fin de semana muy ajetreado. Celine Dion. My heart will go on. Así, como lo estáis leyendo. La exclamación de Marina: "¡Maldita sea! es como volver de golpe a los 90!" Celine Dion, el Bar Coyote, y una canción como latina en clave maquinera, tocada, en palabras de Marina con el órgano "Casio tone", en replay durante más de 10 minutos.

La verdad es que prefiero el concierto mañanero de flatulencias, o las gárgaras, con sorpresa final de gargajo con moco, que yo imagino además sanguinolento, a los que también me tiene acostumbrada el vecino. Al menos es menos repetitivo.

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