Ups!


Hoy de repente me he acordado de esa típica escena de serie/película americana, en la que una chica liga, o vuelve su novio que es reportero de guerra, o su marido que se enroló en un barco, y sus amigas la llevan a comprar lencería sexy, porque ella es un poco mojigata ("¿pero qué tienen de malo mis maxi-bragas blancas con la goma de la cintura dada de sí?, ¿no son acaso provocativas, femeninas y sensuales?").

He estado meditando, e intuyo que el tema de la lencería es básico y fundamental para que la cosa marche. Si no, ¿qué sentido tiene pasarse tanto tiempo de compras, comentando con amigas, decidiendo y (lo peor) lavando a mano todas esas prendas delicadas de seda y mierdas así?

Un ejemplo claro es Bridget Jones. Duda crucial: ¿braga-faja o tanga? ¿Quizás la cosa hubiese ido mejor con el morbo-jefe-buenorro si hubiera escogido el tanga? Nunca lo sabremos.

Recuerdo un consejo de la Cosmopolitan o alguna así. Ahora lo valoro en su justa medida, y no como una simple frivolidad más de la revista más frívola del mundo mundial (pido perdón, antes era una inconsciente, a partir de ahora veneraré esta joya literaria como se merece). Hablaba de algo como "cosas que no puedes hacer delante de tu pareja aunque tengas mucha confianza". Cosas como depilarse y no llevar la ropa interior conjuntada estaban completamente prohibidas. Curiosamente no decía nada de hacer caca. Pero ya he entendido por qué: ¡es que el público objetivo de la revista no defeca! Si eres de las que lo hacen cómprate el Cuore, y asume tu posición de maruja en el gran circo de la vida.

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